Como en casa

Mi blog vio la luz, el día 18 de octubre de 2012... Y vuelve a renacer hoy 13 de febrero de 2023. Espero que cuando me visiten se sientan como en casa, con la confianza de opinar sobre cualquier post, artículo o reseña. Se aceptan comentarios, correcciones y críticas siempre que sean escritas con educación, espero alimentarme de ustedes y viceversa. Creo en el continuo aprendizaje... aprendamos juntos.

domingo, 16 de abril de 2023

Buscando, buscando... acabé encontrando

 


 Septiembre de 2014

 

«¿En qué momento pasé de desear que me tocara la lotería a desear conseguir un trabajo?», eso me preguntaba, mientras me dirigía a la cola del paro.


            

Empezaré presentándome, mi nombre es Eulalia Ferrán ―odio ese nombre―, pero a partir de este momento, solo soy Eula; ruego y suplico encarecidamente, que borren de sus mentes el nombre con el que fui bautizada.

            Se preguntarán, ¿a quién debo el honor de llevar ese «hermoso» nombre?, entiéndase como sarcasmo total, lo de hermoso. Pues a mi querida y santa abuela materna, Sinforosa Torres, que tenía por costumbre elegir los nombres del santoral, tocara el que tocara. Y tuve yo la suerte de nacer el 12 de febrero, día de Santa Eulalia. Mi hermana, en cambio, tuvo más suerte que yo, nació el día de Santa Verónica; en fin, solo puedo decir, que en el momento en que fui lo suficiente mayor para ser consciente del horror de nombre que tenia, bueno, al menos a mi me lo parece; decidí que sería Eula, que es el menor de dos males.

            Quien me lo iba a decir a mí, yo, la primera de mi promoción de Ingeniería de Alimentos, graduada con las mejores notas. Aquí estoy, dirigiéndome a la cola del desempleo. Todavía no he podido asimilar mi despido, es que fue tan inesperado, además, eso no se hace nada más incorporarte de las vacaciones, es cruel e inhumano. Aún puedo escuchar las palabras del Sr. Rodríguez, para los demás, mi exjefe. Me llamó a su despacho y dijo:

            —Señorita Ferrán, usted sabe que estamos atravesando momentos difíciles debido a la crisis económica. La compañía ha experimentado una bajada notable en las ventas de nuestros productos, lo cual repercute en detrimento de todos los departamentos de la fábrica ―expuso muy serio.

            —Soy consciente de ello señor Rodríguez, y si necesita que nos apretemos el cinturón, por mi parte, estoy más que dispuesta a estudiar posibles mejoras en el rendimiento del departamento de calidad. Sabe que adoro mi trabajo —mentí como una bellaca.

            Mi jefe, ahora ex, me miró con cara de circunstancias, pero yo ingenua de mí, no supe ver lo que se avecinaba.

            —Agradezco sus palabras, pero lamento tener que decirle, que vamos a rescindir su contrato. —Me miró a los ojos, y sin anestesia previa, me soltó esa bomba.

            Blanca como la nieve me quedé, aunque yo juraría que más blanca aún, porque mi jefe se levantó precipitadamente de su silla y empezó a abanicarme. Al parecer, tuvo miedo de que me desplomara en su oficina.

            Después de sufrir la humillación de tener que aceptar un despido que yo no quería, y recoger mis escasas pertenencias, de la que fue mi minúscula oficina. Regresé cabizbaja a mi muy pequeño piso alquilado. Lo primero que tenía que hacer, era arreglar los papeles del desempleo, para poder cobrar la prestación a la que tenía derecho por haber trabajado durante seis años, en esa fábrica.

            Me puse mi ropa de domingo, o sea, mi viejo chándal de andar por casa y espatarrada en el mini sofá de mi salón, empecé a pensar, «estoy en el paro, parada, sin curro, sin chamba…» Y así sucesivamente, hasta que fui consciente de mi triste situación. Como hago siempre que estoy preocupada, empiezo a hablar conmigo misma en voz alta, como dicen que hacen los locos… «¿Estaré yo loca?», me pregunto muchas veces.

            ―Eula, debemos centrarnos en el problema inmediato, por eso lo mejor es hacer una lista. ―Tomé lápiz, papel y escribí:

 

Pasos necesarios después de un despido sorpresa:

1.                 Inscribirte en la oficina de empleo, más conocida como, apuntarte al paro.

2.                 Solicitar la prestación por desempleo, más conocida como solicitar el paro.

3.                 Actualizar tu currículo, o sea, hacerte uno, si no lo tienes o nunca te lo has hecho.

4.                 Enviar varios currículos a empresas en las que estés interesada, o sea, levantar el culo desde temprano y patearte las calles, repartiendo currículos, en busca de curro.

5.                 Rezar a los hados y desear que pronto aparezca «el trabajo», sí, que aparezca, porque por más que lo buscas no lo encuentras.

6.                 Y por último, ya desesperada… JUGAR A LA LOTERÍA.

 

            Yo, que soy más lista que nadie, decidí empezar por el sexto… Tejiendo fantasías sobre lo que haría con la millonada que me iba a tocar. Al menos, todavía soñar es gratis.

            Después de echar la lotería, me dirijo a la oficina de empleo con mi carpeta rosa de la suerte, donde llevo mi documentación. De más está decirles que la suerte de la carpeta se fue con viento fresco a otra parte.

            Me voy acercando después de caminar casi cuatro calles completas, porque no encontré otro lugar donde aparcar mi coche de juguete; vamos, que el de Ken, el novio de barbie, es más grande. ¡Ya lo sé!, soy un poco exagerada, bueno vale, muy exagerada.

            A lo que iba, estoy llegando a la oficina de empleo y cuando me quedan unos pocos metros, diviso a lo lejos una cola que daba la vuelta a la manzana. Me detengo, y horrorizada mi mente grita: «¿¡¡Qué es eso!!? Pues qué va a ser», —le contesto bastante borde—; «que tenemos aquí para hartarnos».

  Con paso lento llego y, muy lanzada pregunto a la última persona de la fila:

  ―Disculpe, ¿está es la única cola? ―le sonrío con mi mejor sonrisa.

  ―¿Es que acaso ve otra? ―dice la simpática mujer.

  ―No estaba segura, por eso lo preguntaba ―respondo con educación y otra de mis mejores sonrisas, mientras mi mente despotrica de lo lindo sobre la educación de ciertas personas.

  ―Para que tiene los ojos en la cara, ¿de adorno? ―fue la simpática respuesta de la buena mujer.

  ―Perdone si la molesté, pero es que creo que debería haber al menos dos colas. Una para los que tienen preparación superior, y otra para los que no la tienen.

  ―¡Pero miren a la finolis! Mira bonita, aquí no hay ni más estudiados, ni menos… Aquí todos somos currantes, y el que llega se coloca en la cola. ¿Entendiste o te lo deletreo? ―espeta la energúmena que tengo delante de mí.

  ―Entendido señora ―respondo sin ninguna sonrisa.

  ―¡Señorita! ―exclama ofendida.

  ―Señorita ―dije suavemente y respirando, un, dos, tres… para no lanzarme a su yugular.

  De pie en la kilométrica cola, aprovecho para meditar sobre mi vida, os lo recomiendo; conclusiones pocas, pero matar el tiempo eso seguro. No podéis imaginaros lo que da de sí una conversación con una misma.

  Pensaba primero, en lo estúpida que fui al ponerme los mega tacones para verme más alta y parecer más profesional, luego, pensaba que ya no podría ir de rebajas porque estaba en el paro, después, me puse a discutir por qué no estudié algo con más salida laboral… Y así, hasta que cuando me di cuenta, llegó mi turno.

  Me acerqué al mostrador y coloqué mi prolija carpeta, rosa chicle, sobre el mismo, la abrí y procedí a extraer todos los documentos que me habían entregado en la empresa.

  ―Buenos días, ¿qué desea? ―pregunta la empleada de turno.

  ―Buenos días, quiero solicitar la prestación por desempleo ―contesté muy resuelta.

  ―Para solicitar el paro, rellene este formulario, adjunte la documentación que se indica en el dorso de este, y por último, póngase en la cola de la derecha.

            ―¡¿Tengo que hacer otra fila?!―cuestioné espantada.

  ―Exactamente, y ahora por favor deje pasar al siguiente.

  ―Pero no me parece correcto, ya llevamos mucho tiempo esperando ―le dije molesta.

  ―Vamos a ver, si le parece o no le parece correcto, a mí qué me dice, estas son las normas, así que por favor ¡deje pasar al siguiente! ―replica la antipática de turno.

  Respiré hondo y rellené el impreso, después de varias consultas a la indignada señorita, y una vez listo, me coloqué en la segunda fila.

  En esta ocasión me entretuve maldiciendo a todos los funcionarios antipáticos y maleducados y a las estúpidas normas; con lo fácil que sería que te dieran cita a una hora, y luego te atendieran tranquilamente de una sola vez… No; había que armar esta procesión de peregrinos, que es lo que parecemos todos.

  De pronto, mientras esperaba en la maldita cola que se movía más lenta que una tortuga coja, escuché una voz en la distancia:

  ―Señor Baldomero Martin, pase a la mesa seis.

  Miré sorprendida que el señor en cuestión se levanta de una silla, que tiene pinta de ser la incomodidad personificada y se dirige con prontitud hacia la mesa indicada, y yo me pregunto: «¿Por qué tiene ese privilegio?», es entonces cuando reparo en que hay más personas sentadas en sillas iguales que la deshabitada. La curiosidad y el aburrimiento, todo hay que decirlo, me llevó a preguntar en voz alta:

  ―¿Qué hacen en esas mesas?

  ―Son para las personas que han solicitado cita previa ―me responde un chico muy simpático, que estaba detrás de mí.

  ―¡¿Has dicho cita previa?! ―grité alucinada.

  ―Sí claro, ¿no lo sabías? ―me dice el chico simpático y guapo; no me había fijado hasta ese momento, todo hay que decirlo.

  ―¡Pues no! Cuando llamé para informarme de los pasos necesarios para solicitar el paro, la persona que me habló, no se dignó a decirme que había la posibilidad de solicitar ¡cita previa! ―gruñí al buenorro, porque ahora que lo veo bien, está más que bueno.

  ―Por lo que veo, es tu primer paro, ¿verdad? ―comenta riendo.

  ―¿Tanto se nota? ―contesté, embelesada con su sonrisa de anuncio de dentífrico.

  ―Un poco nada más, guapa. ―En ese momento olvidé todas mis penurias.

  ―Gra… gracias ―balbuceé.

  ―Espero que no tengas que venir muchas veces, pero si tienes el infortunio de volver a quedarte sin curro, recuerda pedir cita previa, porque creo que dentro de poco esa será la única manera de solicitar el paro, o simplemente de inscribirse ―explica amablemente, el bombón que estaba junto a mí.

  ―Muchas gracias por decírmelo, aunque espero no tener que vivir esta experiencia otra vez ―comenté con mi sonrisa especial, la que guardo para ocasiones importantes, y créanme, esta lo era.

  ―Disculpa mis modales, mi nombre es Cipri, ¿y el tuyo?

  ―El mío Eula, encantada. ―Extendí mi mano en señal de saludo y, cuando el hombre más guapo que nunca soñé encontrarme en una cola del paro, la coge con la suya, sentí que mis piernas eran de blandiblú, y por poco me caigo derretida en el suelo.

  ―¡Que nombre más curioso! ―comenta dulcemente, o eso me lo parece.

  ―Sí, muy curioso… Igual que el tuyo ―afirmé para intentar cambiar el tema de los nombres.

  ―En realidad el mío es más feo que curioso, pero mi madre adora el santoral. Con eso ya te he dicho todo ―explica con cara de circunstancias.

  Lo miro y pienso que es una señal, porque encontrarte con otra pobre víctima del santoral no es algo común, y menos en una oficina de empleo.

            Entonces, mi mente empieza a fantasear con casitas blancas, jardines llenos de flores, niños correteando felices, y mi hermoso Cipri llegando del trabajo con un ramo de rosas frescas, para su adorada Eula. «¡Para, Eula!», grita mi mente, «deja de soñar despierta, que los cuentos de princesas solo son para niñas, además de ser una triste mentira que nos inculcan en nuestras inocentes y crédulas cabecitas.»

            Para darle apoyo al guapo de Cipri, decidí decirle que no era el único que padecía el mal del santoral.

  ―No eres el único, mi abuela es fanática del santoral, da igual el santo o santa que te toque, no te salva nadie ―expuse ante él, mi más sórdido secreto.

  ―Entonces somos víctimas del santoral ―me dice amablemente, y yo, caí enamorada en ese momento.

  ―Totalmente ―afirmé sin saber qué más decir, ese hombre acababa de dejar mi mente en blanco.

  ―Entonces, como padecemos el mismo infierno, te confesaré que mi nombre es Cipriano. ―Me regala otra de sus sonrisas de dentífrico feliz.

  ―El mío, y solo lo diré una vez… prométeme que no lo repetirás nunca. ―asiente con la cabeza y una mirada divertida―. Me llamo Eulalia.

  ―Encantado Eula, y ya es tu turno ―me indica con su voz de locutor de radio.

  ―Gracias Cipri. ―Le regalo mi maravillosa sonrisa, esa que casi nuca asoma en mi cara.

  Conocerlo despejó las nubes negras de ese día, transformándolo en un día hermoso y soleado, ya nada me molestó, ni la eterna cola, ni los tacones, de lo cual ya no me arrepentí; vamos, que ni estar desempleada puede empañar este momento.

  Una vez que terminé todos los trámites para poder disponer de mi prestación, o sea, para poder subsistir hasta que encuentre un nuevo trabajo, me dispuse a despedirme con tristeza de ese adonis, porque sinceramente no me atrevo a pedirle el teléfono, ya ven, mucho estudiar, mucho modernismo y cuando tengo que ser lanzada, me quedo más cortada que las mangas de un chaleco.

  ―Bueno Cipri, encantada de conocerte, espero que consigas pronto un trabajo ―me despido con melancolía, solo me faltaba suspirar.

  ―Eula, ¿puedes esperarme? ―me dice el bombón, y me deja paralizada de la emoción―. ¿Me gustaría invitarte a comer? ―Estoy en una nube, flotando, incrédula y pienso, «¡esto es mejor que la lotería!»

  Cipri me está mirando, espera mi respuesta, pero yo estoy como ida, no atino a decir esta boca es mía, hasta que alguien me grita:

  ―Vamos finolis, decídete que la gente que está en la cola no tiene todo el día, y tú, guapo, si ella no quiere ir contigo, yo estoy lista y encantada te acompaño. ―La impresentable maleducada al ataque otra vez.

  Salgo de mi estado hipnótico tras escuchar los alaridos de la loca esa.

  ―Acepto encantada Cipri. ―Contesté satisfecha, mientras espero a que ese pedazo de hombre, que me acaba de invitar a comer, termine con su papeleo.

  Sentí la mirada envidiosa de la malhablada que me tocó de compañera de procesión, y me giré para mirarla con una de mis mejores sonrisas de…, chúpate esa, guapa. La muy descarada, me mira y sin cortarse un pelo, suelta:

  ―¡Tío bueno!, ¿para qué vas a perder el tiempo con esa repipi? Yo soy más simpática y divertida que ella, seguro; bueno, cualquiera lo es sin esforzarse mucho.

  En ese momento, la pelandrusca que habita en mí y que raras veces hace acto de presencia, sale de su estado de hibernación y se dirige a la malhablada.

  ―¡Repipi yo!¿Pero a ti qué mosca te ha picado?, eres una grosera y una deslenguada, yo me acerqué con educación, y en cambio tú has sido una borde desde el principio. Sin contar, con ser una entrometida al meterte en una conversación ajena. ¡Sabes chula!, si te aburres, búscate un mono de feria. ―Parecía yo la niña del exorcista, de la mala uva que tenía.

  ―Tranquila guapa, a palabras necias oídos sordos ―me calmó mi príncipe particular, con esa voz profunda y esos ojos risueños que me derretían por dentro.

  Como un globo pinchado me desinflé al escuchar la voz de Cipri, lo miré y solo vi simpatía y aprecio por su parte. Como dije, caí fulminada por un rayo, el rayo del amor. Porque yo, nada de flechas de Cupido, no, lo mío a lo bestia, un rayo directo al corazón y sin preaviso.

  Enseguida olvidé a la buscona, que agachó la cabeza sin rechistar, aunque creo que fue porque le dolieron más las palabras de Cipri, que la parafernalia que solté por mi boca. Acabados nuestros engorrosos trámites, nos fuimos juntos y yo la mar de feliz.

 

 

Un año después…

 

  Aquí voy de nuevo a la oficina de desempleo, me toca sellar la cartilla… pues sí, aún sigo desempleada, la puñetera crisis que nos tiene a todos pasando un calvario, a unos menos que a otros, pero a todos nos está afectando. Yo estoy aprovechando para hacer cursos y especializaciones que me permitan encontrar otra cosa, al menos algo que me guste más, pero como están las cosas de mal, está uno como para exigir mucho...

  En otro contexto, debo decir que sigo jugando a la lotería, poco, pero si no juegas nada, seguro que nada te toca… todavía soñar, después de un año, puedo afirmar que sigue siendo gratis.

  Ahora sí, no he encontrado un trabajo, ni me ha tocada el Euromillón, pero encontré algo mucho más valioso… El amor de mi Cipri, y como dicen que las penas con amor son más llevaderas, al menos de falta de cariño no me puedo quejar.

  ―¡Eulalia cariño, mueve el culo que llegamos tarde! ―grita el hombre de mis sueños.

  ―¡¡¡Cipri!!!, cuando te pille te mato. Me prometiste que jamás repetirías ese nombre. ―Eché a correr tras él.

  Cuando llegué a su lado, jadeaba por el esfuerzo y no podía ni hablar. Cipri estaba muerto de la risa mirándome y sabiendo el cabreo monumental que me había provocado.

  ―Cariño, no te enfades… al final conseguí lo que buscaba.

  ―¿El qué? ―dije entre jadeos.

  ―Que te dieras prisa ―me dice mientras se troncha de risa a mi costa.

  ―Hay momentos Cipriano, en que no me gustas nada ―suelto con mi genio mala uva.

―Pues tú a mí, me gustas siempre.

Y así, con esas palabras, consigue derretirme. Es que ese hombre es lo mejor que me ha podido tocar en una cola del paro.


 

martes, 21 de febrero de 2023

Vuelvo a escribir..., pero ¿Dónde he estado hasta hoy?

 


No es fácil abrirse públicamente y contar que me ocurrió en estos años en los que he estado desaparecida del mundo de lectura y escritura de novela romántica.

Os resumiré un poco lo que me ocurrió que no fue otra cosa que una saturación general, todo a mi alrededor se desabordó y yo colapsé. En un momento sentí que no podía más, que nada me llenaba. Dejé mis tres pasiones, leer, escribir y bailar. Y todo a mi alrededor empezó a caer y yo me hundí. A todo esto se unió la pandemia, el encierro, el no entender que sucedía, el miedo…, tantos sentimientos y todos negativos, eso terminó de hundirme.

Mi vida se limitó al trabajo y la casa, y el trabajo era por obligación porque necesitaba el dinero para vivir, porque hasta mi trabajo, que siempre me había gustado, perdió todo mi interés.

Mis días se encerraron en un círculo vicioso y autodestructivo, dejé de cuidarme, he aumentado de peso, me he sentido vacía e inútil muchas veces, pero me negaba a aceptar lo obvio y por tanto a pedir ayuda.

A primeros de este año, 2023, no sé cómo, pero una rendija se abrió paso en mi mente y comprendí que sola no podía salir de esto, comprendí que tenía que buscar ayuda. Que quería volver a escribir, quería volver a bailar…, en definitiva, que quería volver a vivir.

Encontré la mejor opción para regresar a la escritura en el Master de escritor profesional de novela romántica, de José de la Rosa (Ya lo había intentado el año pasado pero tuve que dejarlo para el siguiente. Mi cuerpo me dio un toque de atención cuando me dio un sincope en plena calle. Me fracturé la muñeca izquierda, hematomas en el rostro y varias partes del cuerpo, ya que me desplomé boca abajo).

Además del Master, busqué ayuda profesional y estoy convencida de que voy por el camino correcto para encontrarme a mi misma, amarme como soy y, sobre todo, aprender a priorizarme.

Me siento muy orgullosa de poder contar lo que me ha sucedido y, sobre todo, aceptar que he estado y/o estoy en una depresión. Pero ya no puedo bajar más, ahora estoy subiendo, peldaño a peldaño y a cada paso me voy sintiendo más fuerte y segura.

Es un camino de aprendizaje y crecimiento personal que no he emprendido sola, sino, rodeada de gente que me ayuda, amigos que me aprecian y echan de menos y familia que me quiere.

Os invito, desde aquí, a que me acompañen en este nuevo camino.

Un abrazo…

Elizabeth

 

jueves, 17 de junio de 2021

RESEÑA DE LIBERADO...

 

Anastasia y Christian… así empezó la historia. Una chica joven, sencilla e inocente nos cuenta la historia que vivió al conocer a Christian Grey. A través de sus ojos y sensaciones vamos a conocer a un hombre con un pasado muy oscuro… Ella lo atraerá con su amor a la luz y él le enseñará a encontrar sus limites y hasta donde puede disfrutar de su sexualidad. Ambos encontrarán el equilibrio entre el amor y la pasión, la ternura y el juego duro. Y así terminaremos de vivir junto a Ana una historia de sexo pervertido que se convertirá en un amor profundo.

Pero… ¿Qué sintió Christian cuando la señorita Steel aterrizó de rodillas en su oficina? ¿Cómo vivió la relación que se iba desarrollando entre ambos? Esas preguntas y muchas más, logramos contestar cuándo se publicó Grey y Más Oscuro. La misma historia, pero desde otra perspectiva… la del protagonista.

Hemos tenido que esperar más de tres años para leer el desenlace, para saber como sufrió Grey con las verdades que tuvo que afrontar… verlo crecer y madurar emocionalmente.


Puedo decir que ha merecido la pena la espera… En Liberado, la escritora nos ha regalado momentos que no habíamos podido disfrutar… esos preparativos, ese noviazgo hasta la boda. Hemos visto a un hombre terminar de abrirse al amor, no solo de su prometida, sino de toda su familia. A un hombre crecer y lograr perdonarse además de aceptar y perdonar a su madre. Un hombre que logra reconocer cosas que no estuvieron bien, aunque para él fueran positivas en su momento… Pero, sobre todo, hemos aprendido que las experiencias que vives en tu niñez y adolescencia marcan tu vida adulta, para bien o para mal.

Muchos siguen pensando que esta historia solo va de sexo duro…, para mi siempre fue mucho más que eso. Fue un descubrimiento al amor y a sexualidad sana, divertida y picante. Dos personas descubrieron el amor profundo, ese que es tan intenso que puede hasta doler. Descubrieron una atracción sexual que era tan fuerte que se palpaba cada vez que estaban cerca. Se abrieron y poco a poco disfrutaron del sexo explorando los límites a los que ambos aceptaban llegar. Porque en definitiva de eso se trata el amor y el sexo, de consensuar y disfrutar juntos. De hablar, dialogar y compartir… solo así puedes saber que quiere tu pareja, que disfruta y hasta donde quiere llegar.

Para Christian fue todo un descubrimiento… aprender a compartir, aprender a ceder de vez en cuando el control que le permitía dominar todas las situaciones. Aprender a vivir sin miedo al dolor, entendiendo que todos los sentimientos forman parte de la vida.

Él era un niño perdido en el horror que vivió y un adolescente utilizado. Vivía alejado de cualquier situación que pudiera hacerle daño. No quería volver a pasar hambre y, sobre todo, volver a sufrir una perdida que le destrozara. Por ello se mantenía en su torre solitario y se dedicaba a existir no vivir.

Si habéis leído el primero y segundo contado por Grey… no podéis dejar de leer este desenlace.

Vuelvo a decir… a muchos no les gustó y a otros atrapó… para gustos los colores. Lo que si os puedo garantizar es que cada lector habrá sacado su propia conclusión de esta historia…





                                                                         ********

―Estás dominando desde abajo, ¿sabes? ―murmuro contra sus labios.

―¿Qué? ―jadea.

―No te preocupes. Viviré con ello.

Hasta que la muerte nos separe, Anastasia Grey.

Porque te quiero.

Más que a la vida misma.

Y sé que tú me quieres a mí.




 






jueves, 20 de mayo de 2021

Liberado... al fin

Anastasia y Christian... Christian y Anastasia

Primero llegó la inocente señorita Steele y nos contó como entró en su vida el Sr. Grey cómo descubrió más que el sexo convencional, el sexo duro. Pero el amor la alcanzó y ella apostó por ese hombre lleno de complejos, miedos y dolor... 

En boca de todos estuvo el revuelo CINCUENTA SOMBRAS, una historia contada en primera persona por Anastasia, la protagonista.

Una historia que llegó a la gran pantalla y que para muchos gustó y para muchos otros no tanto... Como se dice, para gustos los colores.




Pero no contentos con todas las sombras que nos desveló Anastasia, muchas querían conocer como vivió y sintió Grey su historia de amor. Por esa razón, la escritora escribió GREY y MÁS OSCURO, los mismos libros que CINCUENTA SOMBRAS Y CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS..., pero con una diferencia muy importante, la historia ahora la contaba Christian, el protagonista.

Los diálogos son exactos puesto que es la misma historia..., pero los pensamientos, las sensaciones, los recuerdos, las vivencias..., son diferentes porque las cuenta Grey. 
A mí, particularmente, me ha gustado mucho más la historia contada por él, su visión de Anastasia, sus sentimientos, su confusión, su odio hacia si mismo... 
Sus cincuenta sombras contadas por él.


Hemos tenido que esperar más de 3 años para que el próximo 4 de junio salga LIBERADO, el último capítulo de la historia de Grey y Anastasia, contada por él... 
Podremos comprobar lo que sufre por culpa de Jack, sus remordimientos al comprender lo que Elena le hizo... su miedo a ser padre... su miedo a perder a la única mujer que fue capaz de acabar con sus sombras y derrumbar la muralla que protegía su corazón. La mujer que le enseñó a amar, a perdonarse, a quererse y a comprender que tenía derecho a ser feliz.

Grey, Más oscuro y Liberado es la historia de un niño traumatizado por los abusos y malos tratos, un adolescente lleno de odio, autodestructivo, marcado por el control sexual... y, un hombre que necesitaba controlar todo a su alrededor para sentirse seguro. 
Un ser humano lleno de miedos, oscuridad y, sobre todo, de rencor hacia él.

Deseando leer el desenlace...













Cita 48




Estaba por tirar la toalla, nunca imaginó que sería tan difícil conocer a alguien. Si aceptaba a alguno de los que le habían dado un “match” a su perfil y decidía tener otra cita, sería la número cuarenta y ocho.

Sentada delante de su ordenador, Lara abrió por enésima vez la página a la que sus amigas la habían apuntado. Empezó a revisar los corazones que tenía, eso demostraba quienes estaban interesados en ella. Un poco desganada y sin esperanzas de encontrar a alguno que le llamara la atención, seguía pasando fotos y mirando perfiles hasta que el sonido de su móvil la distrajo. Miró el mensaje recibido y no pudo evitar sonreír al leerlo, era su amigo del alma, ese hermano que nunca tuvo y siempre necesitó, su apoyo en momentos difíciles y su compañía en los instantes que decidía soltarse la melena. Mientras le contestaba y comentaba lo que estaba haciendo, escuchó el sonido de un nuevo “match”. Soltó el teléfono y miró, por curiosidad, quien era la persona que acababa de darle un “me gusta”.

Un hombre con una sonrisa que no sabría cómo definir: misteriosa..., sensual..., seductora, o todas las palabras a la vez; se olvidó de su amigo y empezó a leer. Se llamaba Javier, tenía cuarenta y ocho años, curiosa casualidad, pensó con una sonrisa. Le sorprendió que se explayara en describirse y, sobre todo, en lo que buscaba en una mujer, no era lo habitual.

Lara no pudo más que aceptar que estaba intrigada, miraba la foto y no sabía qué hacer. Después de todas las citas fracasadas estaba decidida a cerrar su cuenta y olvidarse de toda esa tontería. Estaba convencida de que era rara y muy exigente, por eso, cada vez que había quedado con alguna de sus citas, al final no había conseguido encontrar esa conexión con la que soñaba desde muy joven.

Su mirada seguía atrapada en esa imagen, esos ojos oscuros y esa sonrisa..., había algo en él que la atraía y decidió que sería el último, por lo que le devolvió el me gusta. Estaba nerviosa y ansiosa a partes iguales, se preguntaba ¿Qué lo habría atraído de su perfil?

Aunque seguía creyendo que eso no era para ella, había continuado intentándolo cita tras cita y fracaso tras fracaso. Lara necesitaba además de un compañero afín..., algo más, pasión por la vida, ganas de experimentar en todos los niveles, sobre todo a nivel íntimo.

Era algo que nunca había encontrado en sus dos parejas anteriores y por ello las relaciones se enfriaban hasta acabar. Sabía que sus ex pensaban que era muy oscura en su forma de ver y sentir el deseo, pero estaba convencida de que eso no era verdad..., tan solo era intensa.

Quería juego, pasión, sensualidad y entrega total. ¿Habría alguien que deseara lo mismo? ¿Un hombre que buscase esa conexión a todos los niveles? No lo sabía, pero deseaba encontrarlo con todas sus fuerzas y por esa razón había aceptado esa locura de sus amigas.

El timbre la sacó de sus pensamientos mientras continuaba mirando las fotos de Javier, se levantó y abrió la puerta. Martina llevaba una bolsa de Starbucks y la boca se le hizo agua, la dejó pasar arrebatándole ese tesoro al entrar. Para Lara era su perdición, una adicta confesa a todo lo que había en esa cafetería.

—Como te quiero Tina..., esto era exactamente lo que necesitaba.

—¿Qué haces así vestida, todavía? —preguntó Martina.

Lara se giró para mirarla mientras saboreaba su café latte, sus ojos se abrieron espantados al recordar.

—¡Mierda! Lo había olvidado. Dime el lugar y allí estaré, dame una hora. Lo siento, pero ustedes tienen la culpa al meterme en esa página de citas. —se quejó.

—Ya hablaremos de eso —espetó indignada Tina—. Ahora arréglate, recuerda que es la inauguración de un club de espectáculos. Menos mal que soy amiga del dueño y me ha dado entradas gratis. Hoy tienen aforo limitado. —explicó mientras se dirigía a la puerta— No tardes, habrá un show erótico.

—Pásame la dirección por WhatsApp y deja de refunfuñar.

Lara se quedó sola y sonrió, Tina era la madraza, siempre preocupada por las demás. Regresó al salón bebiendo poco a poco su delicioso café y se sentó. Tenía que cerrar el ordenador y correr a la ducha. Antes de cerrarlo se dio cuenta de que Javier había escrito, leyó detenidamente el mensaje y aunque se sorprendió, en el fondo le encantó que fuera tan directo. Quería una cita ya, nada de charlas por el chat o por el móvil, no. Él quería que se vieran cara a cara, bueno, esas no habían sido sus palabras exactas..., deseaba verla, así de simple. Sin florituras, ni rodeos, ni zalamerías, tan solo dos palabras:

“Quiero verte”

Suspiró y le contestó que también quería verlo. Se sentía nerviosa y excitada a partes iguales. Sabía que tenía que cortar porque tenía el tiempo justo, pero es que no quería dejarlo colgado y como veía que él no escribía nada..., en un impulso alocado decidió escribirle la dirección, su número de teléfono y decirle que estaría en ese lugar esa noche. Que fuera él quién tomara la decisión. Cerró y salió corriendo al baño, antes de arrepentirse de ese arrebato.

                                                                      *****

Javier estaba mirando la pantalla del ordenador sin dar crédito a lo que leía. Lara había aceptado lo que era casi un reto y, no solo eso, había lanzado el suyo. No iba a dejar pasar la oportunidad. Guardó el número en su móvil y le escribió un mensaje:

“Estaré allí, aunque sea el último en entrar”

No tenía paciencia para esperar el momento perfecto, por ese motivo era siempre tan directo y por esa razón no solía tener éxito con las mujeres. Llegó al lugar indicado sin saber si ella estaría dentro o haciendo cola para entrar. Se acercó a la puerta y un hombre corpulento lo miró con cara de pocos amigos. Pasó de él porque no daba crédito a lo que estaba leyendo, era algo gracioso y a la vez extraño. Nunca había creído en las casualidades, pero es que eso era demasiado... “Club 48”.

Averiguó, que al ser el día de la inauguración solo podrían entrar cuarenta y ocho personas y que las cinco primeras eran reservas, por lo tanto, la fila empezaba por el seis. En ese momento decidió que sería el último. Se giró y caminó despacio mientras iba contando, cuando llegó al lado de esa persona le preguntó cuánto quería por dejarle el lugar. Nada ni nadie impedirían que se reuniera con Lara.

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Llegaba tarde, se repetía una y otra vez al bajarse del taxi, pero es que después de arreglarse en un tiempo récord se había quedado en shock cuando leyó el WhatsApp que había escrito Javier. Estaría allí. Era una locura, pero había sentido esa conexión. Era instintivo, no podía explicarlo, pero era así. Su móvil empezó a sonar y contestó sin mirar la pantalla. Mientras le decía a Martina que estaba llegando se fijó en la larga fila que había para entrar, estaba tan nerviosa que no quiso mirar a la gente. Sabía que alguno de los hombres de esa larga cola era él y no quería verlo así.

Llegó a la entrada donde sus dos amigas la esperaban, pero antes de decir nada se fijó en el cartel enorme que colgaba en la puerta y empezó a reírse..., tenía que ser una broma.

Todos la miraban y sus amigas se acercaron a preguntar que le pasaba, pero Lara solo podía reír hasta que sintió un escalofrío recorrer su espalda, observó la larga cola de gente y así de simple…, él, era el 48 de la fila, ella lo sabía.

Apartó a Martina y Ana de la entrada y les explicó de manera concisa lo que estaba ocurriendo. Ambas miraban la fila de gente y luego a ella sin dar crédito a lo que les estaba contando. Les pidió que entraran y que cogieran dos mesas. No muy convencidas de lo que Lara les pedía ambas entraron, todo les parecía un despropósito.

Esperó pacientemente a que fueran entrando uno a uno las personas que estaban en esa larga fila que sabía, terminaría en el número cuarenta y ocho. Uno de los porteros le preguntó si iba a entrar o no, a lo que contestó que estaba esperando a alguien. Cuando iban quedando pocos se fijó en el último, caminaba con total seguridad en sí mismo. Era más alto que ella, bueno, eso era un eufemismo porque cualquiera sería más alto, aunque llevara tacones de aguja. Pero Javier era alto, muy alto. Vestía de manera casual: vaqueros negros, camiseta blanca y una chupa de cuero llena de parches. Era el prototipo de chico malote y Lara tembló cuando sus ojos se clavaron en los suyos. Se acercó a ella y le tendió la mano.

—Hola, Lara.

Su voz ronca la sedujo y esa sonrisa la dejó temblando de excitación. Se aferró a esa mano extendida y el calor de su piel la traspasó entera. Javier le susurró cerca del oído:

—Eres perfecta. ¿Lo sabias?

—¿Esto quiere decir que estamos locos? —preguntó ella a su vez.

—Y no es eso lo que buscamos los dos..., locura. —afirmó— ¿Entramos?

Sin soltarle la mano entraron juntos al club. La decoración era un sueño erótico hecho realidad. Velas, cortinas rojas, gasas de tul adornando los centros de mesa, paredes llenas de cuadros cada uno más atrevido que el anterior, pero todo el conjunto a la vez rezumaba elegancia y sofisticación. Reinaba el buen gusto en todos los detalles: candelabros, centros de rosas rojas y blancas, copas de la mejor calidad, camareras y camareros vestidos de negro y blanco. La pureza y la corrupción en un solo lugar. Los colores reinantes eran el rojo, blanco y negro..., definían muy bien lo que ofrecía el local: sensualidad, misterio y elegancia.

Lara divisó a sus amigas y las saludo con la mano libre. Javier no la soltaba en ningún momento. Lo curioso era que se sentía cómoda y segura.

Hizo las presentaciones y las chicas parecieron calmarse cuando conocieron al hombre misterioso. Las mesas estaban una al lado de la otra y podían hablar sin tener que gritar.

Javier y Lara se sentaron en la pequeña mesa y pidieron sus copas a la camarera que se les acercó. Un poco más relajada, Lara le explicó lo gracioso, pero a la vez misterioso del número cuarenta y ocho en toda esa historia. Él no sabía que esa era su cita cuarenta y ocho y ella no recordaba que él tenía cuarenta y ocho años. Los dos estaban cómodos, pero a la vez sentían esa tensión sexual que los rodeaba, creando como un círculo invisible que los mantenía alejados de todo lo que ocurría en el club. Javier se acercó más a ella y le pidió:

—Ve al baño y quítate las bragas. ¿Te atreves a jugar aquí y ahora? —provocó de manera tentadora.

Sin decir nada, Lara se levantó y se fue al servicio. Cuando estaba dentro se miró al espejo y observó con sorpresa su rostro. Sus ojos azules brillaban con intensidad, su piel clara relucía, toda ella resplandecía y era por él. Se mojó los dedos con agua fría y se recogió su cabello negro hacia un lado para mojarse el cuello y refrescarse un poco. ¿Había aceptado jugar ese juego en la primera cita? Sí, eso era lo que buscaba: intensidad, pasión, aventura. Entró en el aseo y se quitó el tanga negro, se bajó la falda y se encaminó muy decidida a vivir esa experiencia.

Llegó junto a la mesa, miró a Javier que sonreía igual que en la foto de su perfil, con esa picardía misteriosa que era tan atrayente. Se sentó sin darse cuenta de que Martina y Ana no perdían detalle de lo que ocurría entre ellos. Las luces se fueron apagando y los focos se centraron en el escenario. Javier había acercado su silla a la de Lara, sus piernas se rozaban y gracias al mantel largo y a las luces tenues, nadie podía ver, sin estar observándolos, nada de lo que ellos decidieran hacer.

La mano derecha de Javier se posó en la rodilla izquierda de Lara, se quedó allí irradiando calor por todo su cuerpo. Mientras miraban el escenario donde una pareja realizaba un baile cargado de sensualidad. Sus lentas caricias al compás de la música hacían del show un espectáculo hipnótico. Parecían flotar.

 Javier fue subiendo su mano en una suave caricia que iba creando una excitación salvaje en Lara, en el momento en que sus dedos tocaron su sexo, ella sintió que el mundo giraba a su alrededor. Era una sensación embriagadora. Sentía como la estimulaban esas caricias atrevidas mientras el baile en el escenario se volvía más erótico y, cuando estaba llegando al momento culminante, Javier le giró el rostro con su mano libre y la besó para tragarse su gemido al llegar al orgasmo. Lara clavó sus uñas en el muslo al sentir como su cuerpo vibraba entero.

Él se retiró un poco para ver su rostro y sin dejar de observarla se chupó los dedos que habían hecho magia en su cuerpo. Ambos sentían que solo acababa de empezar esa aventura. Las luces se encendieron al terminar el baile y, entretanto los demás aplaudían, ellos solo se miraban. De mutuo acuerdo decidieron seguir en otro lugar, se despidieron de las chicas que sonreían al verlos marchar.

Cogieron un taxi y decidieron ir a casa de Lara, ella les mando un mensaje a Martina y Ana para que supieran donde iban. Javier le cogió la mano y se la llevó a los labios, le dio un beso y luego mordió cada uno de sus dedos haciéndola arder como nunca lo habían hecho en sus cuarenta años. El sonido de un mensaje la sacó de su ensueño, tomó el móvil y leyó:

“Sabíamos que sería perfecto para ti. No pensarías que íbamos a dejar que te fueras con cualquier loco, ¿verdad? Perdona el engaño Lara, pero estábamos seguras de que ibas a dejar la página de contactos y habíamos conocido a Javier en una cena de negocios. Le hablamos de ti y él enseguida se interesó por conocerte... Decidimos que lo hiciera de esta manera. Ahora sí, no tenemos nada que ver con esa casualidad con el número cuarenta y ocho. Eso se lo dejaremos al destino, disfruta amiga”

Sin palabras, le pasó el móvil a Javier y él sonrió al leer el mensaje, soltó el teléfono y le cogió la cara con las dos manos. La besó con suavidad y murmuro:

—No importa el cómo, lo que importa es que nos hemos encontrado. Vivamos la mejor aventura de nuestra vida, Lara.

Ella le devolvió el beso.

No importaba nada más... solo vivir cada día intensamente.