Como en casa

Mi blog vio la luz, el día 18 de octubre de 2012... Y vuelve a renacer hoy 13 de febrero de 2023. Espero que cuando me visiten se sientan como en casa, con la confianza de opinar sobre cualquier post, artículo o reseña. Se aceptan comentarios, correcciones y críticas siempre que sean escritas con educación, espero alimentarme de ustedes y viceversa. Creo en el continuo aprendizaje... aprendamos juntos.

jueves, 1 de enero de 2015

Y LLEGASTE TÚ... PRÓLOGO


Madrid, diciembre de 1985

¿Perdería hoy su virginidad? Se preguntaba Carmen mientras se arreglaba para la fiesta con sus compañeros de la universidad. Sus amigas decían que esa era la noche, pero ella no estaba muy convencida de eso; a sus diecinueve años, era muy tímida e insegura.
Estaba encandilada por el chico más guapo de su grupo de amigos; sentía que había encontrado al amor de su vida. Rafael se había fijado en ella; hablaban casi todos los días y, hacía dos noches, se habían besado por primera vez; un beso de verdad, no esos pequeños y suaves roces en la boca que le robaba a menudo. Al recordarlo se sonrojó. Estaba tan feliz que se sentía ligera como una nube y, cada vez que él la miraba, la hacía sentir la mujer más guapa del mundo.
Todas las chicas de la universidad estaban locas por él. Carmen sonreía mirándose al espejo mientras imaginaba la reacción que tendrían al verla del brazo de Rafael. Feliz, empezó a bailar al ritmo de la canción que escuchaba en su habitación, Maquíllate, del grupo Mecano. Giraba y giraba imaginándose en los brazos de su chico y, al mismo tiempo, continuaba preguntándose si pasaría o no. ¿Se atrevería?
Sus padres eran muy conservadores, por lo que su madre siempre le había inculcado la idea de que tenía que tener cabeza y no dejarse llevar por las pasiones. Carmen creía que sus padres estaban muy anticuados, al fin y al cabo, la tuvieron muy mayores. Para ellos, ella era su pequeño milagro.
Felipe pasó a recogerla; era su vecino y mejor amigo desde que tenía uso de razón. Un chico encantador, siempre dispuesto a salir de fiesta. Esa noche iba acompañado de su hermana María y, gracias a ello, los padres de Carmen permitieron que ella saliera de marcha.
La famosa movida madrileña, noche de música, baile y lo que les deparara el momento. Los tres se dirigieron a uno de los locales más de moda, La Vía Láctea. Era un local grande y con una decoración muy original, con todas sus paredes llenas de pósteres y carteles. Un lugar legendario, donde muchos famosos iban a disfrutar del ambiente y la buena música. En cuanto llegaron, se dispersaron entre los amigos que allí encontraron, Rafael enseguida se llevó a Carmen a bailar. La música invadía las paredes del lugar, penetrando en los cuerpos de todos los que se movían al ritmo que marcaba. La noche era especial y mágica, o eso le parecía a ella.
Las horas pasaban y la pandilla se fue dispersando. Carmen estaba un poco achispada, pero seguía disfrutando de la noche, Rafael y ella se habían robado besos húmedos y caricias, lo cual había conseguido excitarlos. Sin saber muy bien cómo, se vio entrando en la habitación de un hotel.
―Rafa, no estoy muy segura de esto ―susurró un poco nerviosa.
―Muñeca, sé que estás nerviosa… pero ambos nos gustamos y lo deseamos. ―Se acercó a ella, y empezó a besarla.
Ella se aferró a Rafael y se dejó llevar por lo que sentía. Él continuó besándola y acariciándola; la llevó despacio hacia la cama y, poco a poco, la tumbó en la misma. Fue excitándola lentamente para no asustarla y, cuando la tuvo desnuda y dispuesta, no espero más y entró en ella. Carmen sintió un fuerte dolor, su cuerpo se contrajo en rechazo a la sensación de tenerlo dentro, pero Rafael no escuchó sus quejas.
En el calor de su deseo y en su egoísmo, él solo se preocupó en encontrar su placer. Carmen lloraba en silencio, mientras Rafael se movía dentro de ella; solo escuchaba sus gemidos y gruñidos mientras la seguía penetrando, cada vez con más ímpetu. Los minutos pasaron muy lentamente para ella, que solo quería que él acabara para poder marcharse a su casa.
Cuando todo terminó, él rodó hacia un lado y ella se hizo un ovillo en la cama. Se sentía mal, sucia y dolorida. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas sin poder contenerlas.
―¿Por qué lloras? ¿No te ha gustado...? Es normal que la primera vez de una chica sea dolorosa, pero te puedo asegurar que cada vez será mejor y, sobre todo, que ya no te dolerá más ―le dijo él alegremente para quitarle hierro al asunto.
―Me quiero ir a casa ―habló suavemente y, al mismo tiempo, se levantó y fue al servicio; se refrescó, se vistió y, sin esperarlo, se marchó.
Regresó en taxi a La Vía Láctea, buscó a Felipe y a María, les dijo que se sentía mal y todos se marcharon. Una vez en su habitación, Carmen se dejó llevar por la desilusión y el dolor; se quedó dormida llorando.
Las semanas pasaron y Rafael insistía en que la primera vez nunca era agradable para una chica, que la quería y la deseaba. Carmen, aunque lo quería, tenía miedo de pasarlo mal, por eso pidió consejo a una amiga y esta le dijo que solo era doloroso la primera vez, que a partir de ahí era algo increíble.
Al final, una noche tonta, se dejó llevar y volvió a acostarse con Rafael, pero, aunque no le dolió, tampoco fue satisfactorio; él fue a lo suyo y no se preocupó de ella. Esta vez acabó fuera. Le dijo que la primera vez estaba tan excitado que no tuvo cuidado. La tranquilizó diciéndole que no pasaría nada, que a partir de ahora él siempre tendría cuidado de correrse fuera. Pero Carmen ya no quería volver a intentarlo, pensaba que era ella la que no podía disfrutar del sexo.


Dos meses después…

Aunque llevaba días sintiéndose mal, aceptó salir con Felipe y algunos amigos más. Estaban bailando y, de repente, Carmen sintió que todo le daba vueltas, hasta que perdió el conocimiento. Felipe, asustado, la llevó a urgencias.
Cuando ella despertó, una doctora le estaba tomando la tensión; se sentía mareada y confusa.
―Perdone, ¿Qué me pasó? No recuerdo nada…
―Hola, me alegro de que hayas despertado. Estás en urgencias. Al parecer te desmayaste en la discoteca en la que estabas con tus amigos.
―¡¿Qué…?! Pero si yo nunca me he desmayado… Yo... la verdad es que me siento mareada. ―Miraba a la doctora con el miedo reflejado en su rostro.
―Tranquila, acabo de mandar a hacerte una analítica, tienes la tensión un poco baja. Creo que tienes un poco de anemia, pero para salir de dudas prefiero esperar los resultados. Mientras tanto, quédate tranquila. Ahora voy a dejar pasar a ese chico tan guapo que está esperando fuera. ―La doctora le sonrió con amabilidad y salió.
Al momento, la puerta de la sala de urgencias del hospital volvió a abrirse y un preocupado Felipe se acercó a la camilla donde estaba Carmen.
―¿Cómo estás? ¡Menudo susto nos has dado, Came!
―Fe, lo siento… Últimamente no me he sentido muy bien. Un poco cansada y algo mareada. La doctora me acaba de decir que cree que puede ser algo de anemia.
―Pues no me extrañaría nada, comes menos que un pajarito, te lo he dicho muchas veces ―le dijo muy serio Felipe.
―No empieces tú también, en casa ya tengo a mis padres todo el día encima con la dichosa comida. ―Carmen lo miraba enfurruñada.
Los interrumpió la doctora al entrar en la sala; llevaba los resultados en la mano y su semblante era serio. Los dos la miraron expectantes, pero Carmen al ver su mirada presintió que algo iba mal.
―Carmen, ya tengo los resultados y… ―se quedó callada, sin saber cómo seguir―, lo que tienes es más que anemia. ―Paseó la mirada de uno a otro.
―¡Por favor, doctora, dígalo ya! ¿Qué tiene? ―dijo Felipe un poco alterado.
Sin dejar de mirarla, la doctora le dijo:
―Estás embarazada.
―¡¡¿Qué?!! ―gritaron los dos.
Carmen sintió que todo le daba vueltas. El estómago se le revolvió; la sala se hizo borrosa ante sus ojos; ya no escuchaba nada de lo que hablaban a su alrededor, solo escuchaba las mismas palabras que se repetían una y otra vez: «Estas embarazada», «embarazada», «embarazada», «embarazada», mientras la oscuridad caía sobre ella.
A lo lejos escuchaba voces; entre ellas, alguien pronunciaba su nombre, pero no quería despertar, quería seguir dormida, arropada por la inconsciencia. Poco a poco fue despertando y, al abrir los ojos, se encontró con los hermosos ojos grises de Felipe que la miraban con preocupación.
―¡Came, me quieres matar de un susto! ¿Cómo estás? Bueno, la pregunta es un poco inapropiada en estas circunstancias… ―Felipe se quedó callado porque no sabía qué más decir.
―Fe… ¿Qué voy a hacer? Yo… tengo la cabeza echa un lío. ―De pronto recordó algo―. ¡Dios mío!, Felipe, por favor, dime que no estamos en la Clínica Ruber.
―Tranquila, estamos en el 12 de Octubre. Antes de asustar a tus padres innecesariamente, pensé que era mejor averiguar qué te pasaba.
Cerró los ojos agradecida porque su amigo pensara en ello. En esos momentos no sabía cómo afrontar la noticia, pero tenía que asumir los hechos. Estaba embarazada de Rafael.
Una vez que la doctora le explicó lo que tenía que hacer a partir de ese momento, le dieron el alta y se marchó con Felipe. Mientras este conducía, Carmen iba con la cabeza recostada en el asiento y los ojos cerrados. Su mundo acababa de sufrir un terremoto que cambiaría su vida para siempre.
―Came, ¿dónde quieres ir? ¿Te llevo a casa?
―No, Fe, a casa no… todavía no. Llévame a un lugar al aire libre; necesito despejar mi mente, pensar en lo que voy a hacer.
Sin decir nada más, Felipe continuó conduciendo por las calles de Madrid; no llevaba un rumbo fijo, era como si el coche los llevara a ellos. Después de muchas vueltas en un silencio cómodo, Felipe aparcó el coche y ayudó a Carmen a bajar.
―¿Dónde estamos?
―En el parque del Oeste. Como querías pasear he pensado que este sería un buen lugar.
Tomándola de la mano emprendieron el camino, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
Sin hablar, continuaron caminando por el hermoso parque hasta llegar al lugar conocido como La Rosaleda, donde se encontraban las más importantes variedades de rosales de todo el mundo. Felipe sabía que Carmen adoraba las rosas, por eso pensó que sería el lugar perfecto para que ella pudiera calmarse y hablar.
Carmen inspiró el aroma que desprendían las rosas, siempre la reconfortaban; pero en esos momentos sentía que ni ellas podían con la angustia que la atenazaba.
―Came, sé que no quieres hablar, pero debes afrontar la situación, sabes que puedes contar conmigo. ¿Has pensado en decírselo a Rafa?
―Es lo primero que tengo que hacer; es su hijo. Lo que me preocupa es cómo les voy a dar este disgusto a mis padres. ―Sin poder continuar rompió a llorar desconsoladamente.
Felipe la envolvió en un cálido abrazo. ¿Cuántas veces pensó en su hermosa amiga como algo más? Lamentaba no poder sentir más que cariño por ella. Él sabía que sería el orgullo de cualquier hombre.
―Mañana será otro día, y yo te acompañaré a hablar con Rafa ―le dijo mientras volvían hacia el coche.
Regresaron y, aunque el problema seguía ahí, ella se sentía más tranquila. Su amigo era su gran apoyo; además, Rafa la quería y todo iba a salir bien. No sería la primera en casarse embarazada, se dijo así misma, aunque se sentía muy joven aún, para dar ese paso.
Al día siguiente, tuvo que esperar al final de las clases para poder abordar a Rafael. Este nada más verla, la recibió con un abrazo y un beso exigente. Siempre la deseaba, era una de las mujeres más hermosas que había conocido, con esa piel perfecta, blanca, ese cabello espeso y ondulado color chocolate, que invitaba a hundir los dedos en el. Lo único que lamentaba era que no fuera más fogosa en la cama, esperaba que, con el tiempo, se dejara llevar más y así lo hiciera gozar más aún.
―Hola, muñeca, tenía ganas de verte. ¿Nos vamos?
―Hola, yo también quería verte. Tenemos que hablar, Rafa. ―Su mirada no invitaba a juegos de cama.
―¿Por qué esa seriedad? ¿Qué es lo que tienes que decirme?
―Mejor vamos a un sitio más tranquilo.
Sin contestarle, la tomó de la mano y se la llevó hacia un lugar más tranquilo en la Universidad. Se sentaron y Rafael se quedó mirándola en espera de lo que ella quería decirle.
―Estamos solos, ¿qué me tienes que decir?
―Yo… —lo miraba nerviosa sin saber cómo decírselo—. Rafa… estoy embarazada.
Los ojos de Rafael se abrieron con incredulidad. Tenía que ser una broma. No podía pasarle eso, solo se había descuidado una vez . Miraba los ojos castaños de Carmen, hermosos, pero angustiados y llenos de lágrimas contenidas. Sacudió la cabeza intentando asimilar lo que acababa de escuchar.
―¡¿Qué has dicho?!
―Que vamos a tener un hijo.
―¿Vamos? No bonita, tú vas a tener un hijo. Mira, Carmen, yo no puedo ni quiero tener un hijo, y menos ahora. Resuelve el problema. Tus padres conocerán a alguien y seguro que puedes deshacerte de él.
―¿¡Eso es todo lo que me vas a decir!? ¿Te lavas las manos y que me busque la vida? ―gritaba enfurecida.
―¡Cállate! Que nos van a escuchar. No querrás que se enteren de lo que pasa. ―Su mirada la taladraba.
Horrorizada, se quedó en silencio mientras intentaba calmar su respiración agitada. Todo le daba vuelta; su peor pesadilla se estaba haciendo realidad: él no quería hacerse cargo de su responsabilidad.
―Lo siento, pero no voy a destrozar mi vida por un embarazo no deseado. En cuanto termine este curso me marcho a Inglaterra a estudiar y, sinceramente, Carmen, lo nuestro no era nada serio. Nos gustamos, pero… ―No pudo terminar de hablar debido a la bofetada que ella le dio.
Cuando se giró para marcharse, Rafael se encontró con el puño de Felipe que, del golpe, lo hizo caer al suelo.
―¡Eres una mierda! Si no querías problemas tu obligación era haber tomado precauciones. ¡Ahora te largas y la dejas sola con tu hijo! ―Felipe estaba tan cabreado que sentía que podía matarlo a golpes, pero no merecía la pena.
―Fe, no te ensucies las manos con él ―le dijo una llorosa Carmen mientras lo abrazaba.
―¡Lárgate! Y si sabes lo que te conviene será mejor que desaparezcas de esta ciudad, porque yo sí tengo conocidos muy influyentes.
Sin decir nada más, Rafael se levantó del suelo, se sacudió la ropa y se marchó. Carmen se dejó vencer por el terror y comenzó a llorar en los brazos de Felipe; él la acunaba sin saber muy bien cómo consolarla.
La ayudó a sentarse contra un árbol y se acomodó a su lado. Mientras la abrazaba y esperaba a que se tranquilizara, no hacía más que darle vueltas a una idea. Al principio le pareció una locura, pero cuantas más vueltas le daba a la idea, más pensaba que era la solución perfecta.
Carmen, ya recuperada después de la escena con Rafa, levantó los ojos hacia Felipe. ¿Por qué no pudo enamorase de él? Un hombre cariñoso, divertido, sincero, el mejor hombre que podía conocer. Pero la vida era así y el corazón no entendía de razones, se dijo.
―¿Estás más tranquila? ―Le acarició el mentón y le sonrió con cariño.
―Sí, pero el problema sigue aquí y dentro de poco no podré esconderlo.
―Dime, ¿quieres tenerlo?
Ella cerró los ojos y se quedó pensando en la pregunta. ¿Quería tenerlo? Se puso la mano en el vientre plano y pensó en ese pequeño ser indefenso que estaba creciendo dentro de ella. Recordó, en ese momento, toda la historia de sus padres y su deseo de tener hijos, algo que casi no consiguieron. Entonces, comprendió que esa criatura no tenía culpa y sabía que lo tendría, lo único que le dolía era el disgusto que le causaría a sus padres.
―Sí, quiero tenerlo. Esta criatura no tiene la culpa de nada, además, yo quería al cretino de su padre.
―Entonces, la solución es simple. Cásate conmigo
―¿¡Qué!? Pero, Felipe, ¿¡qué dices…!? ―Carmen se incorporó y lo miró con los ojos abiertos.
―Came, piénsalo. Somos amigos de toda la vida, nos queremos, nos llevamos mejor que muchas parejas. Nadie se molestaría, al contrario, les daríamos una alegría a nuestras familias. Yo cuidaré de ti y de tu hijo, que será nuestro.
Conmovida por las palabras de Felipe y agobiada por toda la situación, Carmen se dejó convencer y aceptó la propuesta de matrimonio.
La familia Ansúrez era una de las familias más importantes de la aristocracia madrileña, no solo por sus antepasados, sino también por su famoso y prestigioso bufete de abogados. Tenían fama de justos y sobre todo de honrados; en cada generación había al menos un Ansúrez que seguía los pasos de sus antecesores y continuaba con el legado. Felipe era uno de ellos. Seguiría los pasos de su padre; para eso estaba estudiando derecho y lo mejor de todo era que le encantaba.
Horacio Ansúrez aguardaba impaciente la llegada de su hijo. Era un hombre temperamental y no le gustaba esperar.
―Ana, ¿sabes por qué nos ha citado tu hijo?
―No sé nada, simplemente llamó y dijo que tenía algo importante que decirnos.
―No me gustan los misterios, espero que no me eche a perder la cena.
―¡Horacio! ¿Es que no puedes darle un voto de confianza a nuestro hijo? Es un buen muchacho, estudioso y responsable. ¿Qué más quieres?
―Que traiga alguna novia, que me digan que lo ven con mujeres. Lo normal en un chico de veintidós años. ―Horacio se sentía frustrado, su mujer no lo entendía.
En ese momento, oyeron voces que provenían de la entrada; enseguida reconocieron la voz de Felipe. Este entró en el salón del hermoso chalé donde vivía con sus padres, en la urbanización Somosaguas. Carmen lo acompañaba, pero a diferencia de otras veces, esa noche se encontraba nerviosa.
―Buenas noches, padre, mamá. —Se dirigió hacía su madre y le dio un beso en la frente.
―Buenas noches, Felipe. Podrías haberme dicho que vendría Carmen a cenar. ―Le recriminó su madre.
―Madre, Came es de la familia.
―Lo sé, pero aun así, deberías haberme avisado.
Carmen saludó a los padres de Felipe y se sentó junto a él. Horacio no hacía más que mirar de uno a otro. Se preguntaba qué tendría que decirle su hijo y qué problema incluía a Carmen.
―Felipe, espero que me expliques cuál era la urgencia de hablar con nosotros antes de la cena. ―La mirada de su padre siempre lo intimidaba.
Felipe decidió que lo mejor sería ir directo al asunto; conocía a su padre y sabía que no tenía paciencia, además de que odiaba los rodeos.
―Sí, padre, lo que quiero anunciarle es… que Carmen y yo vamos a casarnos.
—¡Qué sorpresa querido! ―dijo Ana emocionada, al mismo tiempo que se levantaba a abrazar a su hijo.
Horacio, aún sorprendido por la noticia, no atinaba a decir nada. Pero una vez que asimiló las palabras de su hijo, una enorme sonrisa apareció en su rostro siempre serio y adusto.
―¡Felipe, hijo, me acabas de hacer muy feliz! ―Le abrazó fuerte, felicitándole por su decisión.
―Carmen, cariño, bienvenida a la familia. ―Ana le dio un beso afectuoso.
―¡Esto hay que celebrarlo! ¡Un brindis antes de pasar al comedor! ―exclamó un Horacio eufórico.
Ana tocó la campana del servicio y mandó traer una botella de Moët & Chandon, junto a las mejores copas. El momento lo merecía. Estaba feliz por su hijo, pero aún más por Horacio. Tenía tantas expectativas puestas en Felipe... En silencio agradeció que sus temores fueran solo infundados.
Al brindis se unió María, la hermana de Felipe y mejor amiga de Carmen, que estaba feliz porque serian cuñadas. Todo era alegría entorno a la mesa de los Ansúrez Toledo; su hijo se casaría con una de las mejores muchachas que cualquier padre pudiera desear.
―Muchachos, ¿habéis pensado ya en la fecha? ―preguntó Horacio.
―Pues sí, queremos casarnos dentro de un mes —anunció Felipe.
―¡Estás loco! En ese tiempo no se puede preparar una boda como corresponde ―expresó la madre de Felipe indignada.
―Mamá, lo siento, pero tiene que ser así. No queremos, ni podemos esperar mucho más.
De pronto, todos abrieron los ojos asombrados al comprender la implicación de las palabras que acababan de escuchar.
―¿Nos estás diciendo que Carmen está embarazada? ―dijo Horacio mirando fijamente a su hijo.
―Sí, padre, sé que no es lo correcto, pero ya no podemos hacer nada.
Carmen sintió cómo se ruborizaba de vergüenza. Los padres de Felipe la observaban. Estaba nerviosa y preocupada; no sabía si todo esto no sería una locura. Quizás debería meditarlo detenidamente; esos eran los pensamientos que la rondaban.
―Hijo, es cierto que no es la forma correcta, pero estoy tan feliz por tu boda... Y ahora me dices que seré abuelo… Sencillamente, es maravilloso. Ana, haremos una boda aquí en el jardín del chalé, y será dentro de un mes; así que manos a la obra.
Como bien le dijo Felipe a Carmen, sus padres estaban encantados con ese matrimonio. Ahora irían a decírselo a los padres de ella, que estarían más encantados todavía, ya que adoraban a Felipe.
Asunción y Francisco se tomaron la noticia con inmensa dicha, pero a pesar de la alegría, no dejaron de reprenderlos por el embarazo; eran muy jóvenes, según Francisco. Aunque en el fondo, estaban felices de saber que iban a ser abuelos.
Así fue que en un tiempo récord, los Ansúrez y los Valenzuela organizaron una hermosa boda para sus hijos. Al enlace asistió la flor y nata de la ciudad, ambas familias eran muy conocidas entre la aristocracia española. Todos querían asistir al esperado matrimonio de una pareja que se conocía desde que eran pequeños.
Carmen estaba feliz, pensaba que si bien no amaba a Felipe, le quería y seguramente, poco a poco, aprendería a amarlo. Lucharía por tener un matrimonio lleno de cariño, y quién sabe si también de pasión.
―Bueno, tengo que felicitar a la novia, te llevas un buen premio. Pero no puedo dejar de sorprenderme por lo precipitado de la boda y, más aún, por quién es el novio. ―La sonrisa fría y la mirada más fría todavía, era la de la mujer que siempre quiso atrapar a Felipe.
―Gracias, Alma, pero la verdad es que no hay de qué sorprenderse. Hemos sido amigos desde pequeños. ―Carmen le devuelve una mirada serena y segura.
―Perdona, pero si es sorprendente cuando solo erais amigos, casi como hermanos. Además, tú hasta hace poco salías con Rafael.
―Lo has dicho perfectamente, salía… No funcionó y me sirvió para darme cuenta de los sentimientos que tenía por Fe. ―Se sentía mal al decir esa mentira.
En ese momento sintió la mano de Felipe rodear su cintura, acercándola a su cuerpo. Carmen se giró y le regaló una sonrisa llena de cariño, a lo que Felipe contestó, dándole un beso en la punta de la nariz. Para no ser un grosero, se giró hacia la mujer que lo había estado persiguiendo durante mucho tiempo.
―Hola, Alma, me alegra que hayas podido asistir a nuestro matrimonio.
―¿Un acontecimiento como este? No me lo podía perder. Ha sido una bomba, Felipe.
―Bueno, a veces no te das cuenta de lo que tienes hasta que sientes que lo vas a perder. ―Le sonrió a Alma, mientras abrazaba a Carmen―. Y ahora, si nos disculpas, tenemos que atender a nuestros invitados. Espero que disfrutes de la fiesta.
Ella les devolvió la sonrisa, pero la misma no llegó a sus ojos. Estaba despechada, después de perseguirlo descaradamente, la enfurecía que Carmen se llevará el premio que era ser la mujer de Felipe Ansúrez. Esa estúpida lo tenía todo, dinero, belleza y, ahora también, al soltero más codiciado del momento. Amargada, decidió que ya no quería seguir allí y se marchó, deseándole a Carmen toda clase de desdichas.
La fiesta que tenía lugar en los jardines del chalé estaba siendo un éxito. A pesar del poco tiempo para prepararlo todo, la empresa del catering había trabajado a contrarreloj, ofreciendo una celebración por todo lo alto. En los jardines se instaló un suelo de madera, y sobre este, cientos de mesas redondas cubiertas por faldones de lino blanco y, sobre ellos, manteles en tonos cereza que contrastaban con el verde de los arboles que rodeaban el lugar. Una carpa enorme albergaba el recinto preparado con todo lujo de detalles, las columnas que sujetaban el techo de la carpa estaban decoradas con plantas naturales, lo cual armonizaba con el hermoso jardín de la casa de los Ansúrez. En las mesas se apreciaba la vajilla y cubertería más elegante, y en el centro, un pequeño arreglo floral en tonos rojos, blancos y verdes. Sobre las mesas habían esparcidos pétalos de rosas blancas, que resaltaban dando un contraste de color. Las sillas, también vestidas de blanco, llevaban un lazo color cereza a juego con los manteles. El lugar estaba decorado con mucho detalle, las copas más finas, cestos de panecillos en cada mesa y, sobre cada plato, una pequeña tarjeta con el nombre de cada invitado. De esa manera, todos sabían cuál era su asiento; aunque en la entrada había un enorme atril con un plano de la distribución de las mesas,numeradas y  con el nombre de los invitados que las ocuparían.
Desde la zona de aparcamiento habían colocado un camino de tarima de madera, para que los invitados no tuvieran que caminar sobre el césped. También salía otro camino desde la terraza trasera del salón de los Ansúrez, lo cual permitía la movilidad a los invitados, sobre todo a las damas que evitaban hundir sus hermosos zapatos en el césped. Todo el conjunto iluminado con farolillos, lo que creaba un efecto de lo más romántico. Carmen disfrutaba del hermoso escenario; lo habían decorado a su gusto. Felipe no había escatimado en gastos para que ella tuviera una boda de ensueño. Por todo eso, Carmen quería esforzarse para llegar a amar a su marido. Mientras caminaba por los alrededores del jardín, no podía dejar de pensar en todo lo que había pasado en tan poco tiempo. Esperaba poder ser feliz con Felipe, pero a veces no podía entender qué sacaba él de todo eso. Durante el mes de preparativos, ellos apenas se habían visto alguna que otra tarde; él siempre estaba con prisas. Además de eso, las demostraciones de cariño seguían siendo igual que antes, abrazos y besos cariñosos, pero nada más.
Carmen no esperaba pasión desenfrenada, y menos, después del desastre con Rafael; ella no se sentía segura en la intimidad, pero quería satisfacer a su marido; él se merecía todo. Había sacrificado su vida. No entendía por qué siempre le decía que él no era de los que se casaban. A veces sentía que Felipe le ocultaba algo.
―Estás muy pensativa, ¿te pasa algo, hija? ―Interrumpió sus pensamientos Francisco.
―¡Papá…! Me has asustado. No, no me pasa nada, solo estaba reflexionando sobre mi nueva vida. ―Carmen le sonrió y enlazó su mano en el brazo de su padre.
Siguieron caminando en silencio, cada uno con sus propios pensamientos. Francisco adoraba a su princesa, era el milagro del amor que se profesaban Asun y él. Esperaba de todo corazón que su hija fuera tan feliz como lo había sido él durante más de cuarenta años.
―Hija, es normal que estés nerviosa y un poco agobiada. Será un cambio muy grande, algo que aún no esperabas, pero las circunstancias y la locura de los jóvenes es lo que tiene.
―Papá, sé que estás un poco desilusionado. Lamento haber hecho las cosas al revés…
―Calla, no le des más vueltas. Te quiero y estoy orgulloso de ti, no solo porque te casas con un buen chico, sino también, porque vas a ser una gran pediatra.
Carmen sonrió con cariño hacia su padre; siempre había podido hablar con él de todo, bueno, de casi todo. Aunque aún no había terminado la carrera, sabía que sería buena, porque adoraba a los niños y sanarlos era lo mejor que podía hacer por ellos.
―Carmen, a partir de ahora tienes que ser paciente. La convivencia no es fácil y por mucho que Felipe y tú se conozcan desde críos, no es lo mismo que convivir entre cuatro paredes.
―Gracias, papá, tendré tus palabras en cuenta. Ahora me gustaría que me acompañaras a la casa, voy a cambiarme el vestido.
―Encantado, hija, y vuelvo a decirte que eres la novia más hermosa que jamás he visto.
―¿¡Qué dices!? Eres todo un zalamero, papá. ―dijo entre risas.
Se dirigieron hacia la casa y Francisco le dio un abrazo y un beso. Ella subió las escaleras y se encaminó a la habitación que le habían preparado. Al pasar por la de Felipe, escuchó unas voces algo alteradas; sin pensarlo, se dirigió hacia la puerta y lentamente abrió la misma. Cuando entró en el cuarto, el horror de lo que estaba presenciando la dejó paralizada, para luego soltar un grito de espanto.
Felipe y su acompañante se soltaron al escuchar ese grito, ambos se giraron hacia la puerta y se quedaron en shock. La cara horrorizada de Carmen fue para Felipe como recibir un golpe en el pecho. Él sabía que tenía que habérselo dicho, pero entre unas cosas y otras, dejó pasar el tiempo. Además, no sabía cómo encarar la situación, por eso había retrasado la conversación con su mejor amiga y ahora esposa.
Se acercó a ella y posó las manos en sus hombros. Carmen se revolvió para soltarse, se giró y salió corriendo a su habitación. Al entrar se arrojó en la cama, llorando desconsoladamente. No podía procesar lo que su retina había atrapado, esa imagen era algo que no podía asimilar. Todo era una pesadilla, algo absurdo. Ella se había casado con él, había renunciado a la pasión y también al amor. Pensaba que le debía todo a Felipe, su sacrificio, su apellido, su ayuda desinteresada. Ayuda sí, pero no desinteresada.
Sintió la puerta abrirse y cerrarse. Al momento, él se sentó en el borde de la cama. Escuchaba los sollozos desgarradores que salían de la garganta de Carmen y se sentía muy mal porque no había hecho las cosas bien.
―Carmen, déjame explicarte. Yo… sé que tenía que habértelo dicho antes, pero no sabía cómo. No es fácil, vivo en un infierno. ―Estaba desolado, si perdía su cariño ya no tendría nada.
Poco a poco se fue tranquilizando y asimilando las palabras de Felipe. Se incorporó en la cama, se sentó apoyando la espalda al cabecero y mirándolo fijamente le pregunto:
―¿Pensabas decírmelo algún día?
―Sí, pensaba decírtelo esta noche, cuando nos marcháramos.
―Cuéntame, haz que entienda, o al menos, que pueda comprender algo.
―No es fácil decir en voz alta que eres homosexual, Carmen. Lo sé desde siempre, desde que mis hormonas despertaron y no se excitaban ante una chica, y si ante un chico guapo. Al principio, me sentía enfermo, me daba asco de mí mismo, creía que no era normal.
―¡Qué tonterías dices! Fe, ser gay no es ninguna enfermedad.
―Ahora lo sé y lo entiendo, pero al principio pensaba eso y muchas cosas más. Luego conoces chicos con la misma condición sexual que yo y empecé a darme cuenta de que era algo que no podía elegir. Es como el color de los ojos, el pelo… Naces con ello.
―¿Por eso me propusiste matrimonio? ¿Para seguir ocultando tu homosexualidad?
―Si… Carmen, conoces a mi familia, a mi padre, él es un hombre intransigente, jamás lo entendería. Sería un escándalo. Además, si quiero ejercer en el despacho de abogados, mi condición de gay no me ayudaría. Mi padre me desheredaría y, no contento con eso, haría lo imposible para que nadie en este país me contratara de abogado.
―Entonces crearás una familia cara a la galería.
―Pensé que así nos ayudábamos mutuamente. ―La observó en silencio―. Carmen, puedes tener todos los amantes que quieras, seremos discretos.
―¡Pero, estás loco…! Sabes que por muy discretos que seamos, todo se termina sabiendo. Yo no voy a tener amantes a escondidas Felipe.
―Pero… yo no puedo darte el aspecto físico del matrimonio.
―No importa, tampoco fue una gran experiencia para mí. —Entrelazó los dedos de sus manos, apoyándolas sobre su regazo—. Solo me duele pensar que no podre tener un matrimonio de verdad, aunque carezca de pasión. Pensé que quizás con el tiempo… podríamos llegar a querernos como pareja —confesó con tristeza.
―Came, sabes que te quiero… Eres mi mejor amiga, a la única que le contaría lo que acabo de contarte.
―Lo sé… ¿Y Pablo es… tu amante desde hace mucho?
―Sí. ―Una pequeña palabra que encerraba tanto.
―Bueno, ya tenemos todo claro… Por favor, déjame que quiero cambiarme. Debemos marcharnos a nuestra luna de miel ―dijo sin poder evitar el tono sarcástico.
Felipe se levantó de la cama, se acercó a ella y le dio un apretón cariñoso en el brazo.
―Todo va a salir bien; nos queremos y viviremos en armonía.
―Sí, amigo, todo saldrá bien… No te preocupes. ―La voz sonaba hueca a sus oídos.
Una vez sola en la habitación, Carmen se cambió de traje de manera autómata. Su mente daba vueltas y vueltas sobre esa revelación, conocía a Felipe desde siempre, pero nunca se dio cuenta de nada. Claro, él no parecía gay, era tan varonil, fuerte, atractivo, viril... Nadie podría sospechar algo así.
Se miraba en el espejo mientras pensaba en todo eso y, de pronto, se cubrió la cara con las manos. ¿Qué había hecho?, ¿qué vida le esperaba a partir de ese momento? Dejó de cubrirse la cara y volvió a mirar su rostro enrojecido por las lágrimas. No podía seguir así; le debía mucho a Felipe y estaría a su lado siempre, para lo bueno y para lo malo. Si su destino era no conocer un amor como el de sus padres, al menos tendría una vida plena, volcaría todo su amor en su hijo.
―Seré feliz a mi manera, por ti, hijo ―dijo esas palabras mientras se miraba en el espejo.















jueves, 25 de diciembre de 2014

NOCHEBUENA DE LOS HERMANOS ALCALÁ - RELATO INÉDITO


24 de diciembre de 1995, 12:30 de la mañana…

Como todos los años la familia Alcalá Bernardí celebraba la cena en la casa de sus padres. Se reunían todos para festejar la alegría de estar juntos, sanos y felices. Disfrutaban mucho con la ilusión de los más pequeños. Y siempre, alguno de los tres Alcalá se disfrazaba de Papá Noel.
—Bueno a ver fratelli, ¿quién de los tres pringa esta noche? —preguntó Mario.
Estaban tomando una cerveza en el bar de siempre para reponerse de su salida de última hora, como era costumbre, para comprar regalos. Los tres se miraron unos a otros con cara de: a mí no.
—Pues como lo has preguntado tú, te toca por bocazas —contestó Paolo riendo.
—¡De eso nada! A mí ya me tocó el año pasado por culpa de Sabi.
—Yo creo que deberías ser tú, Paolo. Eres el que menos veces lo ha hecho —replicó Bruno.
—Estoy de acuerdo con Bruno, este año te toca a ti.
—A mi no me apetece nada… joder con la tradición que se le ocurrió a Sabi, siempre nos lía la muy bruja. —Enfurruñado le dio un sorbo a su cerveza, no quería vestirse de papá Noel, no tenía ánimos de fiesta—. Creo que lo más justo es echarlo a suertes —propuso.
—Muy listo, así tienes las mismas posibilidades que nosotros de no pringar. No me gusta nada esa idea —refunfuño Mario que ya se veía otra vez metido en ese traje.
—A ver, dejemos de comportarnos como críos y decidamos quién será el que reparta los regalos. No tengo ganas de lidiar con Sabi cuando llegue a preguntarnos —concluyó Bruno un poco aburrido del tema.
Todos los años era igual, siempre les tocaba la misma pelea sobre quién se vestiría de Papá Noel, y es que esa tradición existía desde mucho antes de que naciera ninguno de los pequeños de la familia. Fue de esas brillantes ideas que tuvo Sabrina, como resultado de esas vacaciones en familia, que disfrutaron todos en la ciudad de Nueva York, hacía ya algunos años; la pequeña Alcalá volvió tan fascinada con los regalos de Nochebuena y Papá Noel, que al siguiente año insistió en repartir no solo en Reyes, si no también en Navidad. Proponiendo así la idea de que cada año uno de sus hermanos se vistiera de Papá Noel.
—Sabes a quien tienes que agradecer…
—No me lo recuerdes, Mario —contestó Paolo.
Los tres se quedaron callados y terminaron de beberse la cerveza, sabían que no les quedaba mucho tiempo para decidir, puesto que Sabrina llegaría en cualquier momento y les había amenazado con elegir ella.
—¿Queréis otra ronda? —preguntó Paolo.
—Si —respondieron Mario y Bruno. Paolo fue a por las cervezas.
Cuando se quedaron solos planificaron como lograr que su hermano eligiera el palo más corto. Bruno que era un genio de los trucos de magia, sería el encargado de preparar la trampa. Estaban convencidos de que le vendría bien ser quien repartiera los regalos; al menos, no se encerraría dentro de su pena al recordar la falta de su esposa.
Paolo llegó con los tres botellines, los dejó sobre la mesa y se sentó. Miró a sus hermanos y pensó que estaban demasiado callados.
—¿Pasa algo?
—Paolo, hemos pensado que haremos lo que propusiste, echarlo a suertes —explicó Bruno.
—¿Cómo lo hacemos?
—Con palillos de dientes, cortamos uno y el que saque el más corto pringa —dijo Bruno.
—Vale.
—Fratello, en la mesa que está detrás de ti hay un tarro con palillos —indicó Mario.
Paolo se giró y lo cogió, miró a sus hermanos y decidió que se fiaba de Bruno; con Mario podía pasar cualquier cosa. Le tendió el tarro y Bruno sacó tres palillos que colocó sobre la mesa, a uno de ellos le cortó un trozo y a continuación los cogió y encerró dentro de su puño derecho; Mario fue a buscar una mano inocente, o sea, a una camarera para que sujetara los palillos dejando solo ver las puntas.
Se los dieron a la chica, que se giró dando la espalda y los colocó estratégicamente. Ella no dejaba de reír por lo divertida que le parecía todo la situación. Se colocó frente a los tres y le tendió la mano a Paolo para que fuera el primero.
—¿Por qué yo?
—Porque eres el mayor, y no empieces que esto fue idea tuya —protestó Mario.
Paolo los miró y luego miró la mano extendida frente a él. No estaba muy seguro de cual sacar, no tenía ganas de disfrazarse y poner cara de felicidad. Inspiró y cogió el del medio; al verlo se quedó ensimismado mirando ese pequeño trocito de madera entre sus dedos. Sus hermanos se lo quedaron mirando muy serios aunque sus ojos brillaban divertidos.
La camarera se despidió con una sonrisa y cuando ya se marchaba, Paolo la detuvo.
—Perdona, me puedes enseñar los otros dos palillos.
—Si claro —dijo muy confiada mientras metía su mano en el bolsillo de su mandil—. Aquí los tienes. —Colocó dos hermosos y completos palillos de dientes sobre la mesa, luego se giró y guiñó un ojo a Mario.
—Bueno, ya tenemos Papá Noel para este año —concluyo Mario con una sonrisa muy satisfecha.
Paolo los miró con mala cara, estaba seguro de que habían hecho trampas, cómo, no lo sabía, pero seguro que algo hicieron.
—Hola, chicos ¿Ya elegisteis quién se viste de Papá Noel? —preguntó Sabrina que acababa de llegar junto a ellos.
—Sí, este año le toca a Paolo —contestó Mario.
—Ah, ahora comprendo ese careto que tiene —afirmó riendo.
El resto de los Alcalá, menos Paolo, empezaron a reír al comprobar la cara de circunstancias que tenía el mayor de los hermanos.
—Quiero una cerveza, estoy seca.
Mario le hizo señas a la misma camarera para que trajera otra cerveza. Cuando la dejó en la mesa la chica miró a Paolo con una sonrisa y le dijo:
—Tengo un regalito para ti de parte de tus hermanos. —Colocó sobre la mesa dos palillos igual de cortos que el otro—. Feliz Navidad, Papá Noel.
Todos empezaron a reír al observar la cara de tonto que se le había quedado mirando los palillos.
—¡Lo sabía, lo sabía! Sois lo peor..., ¡hay que repetir! —exigió
—De eso nada, te toco a ti y punto. Eso te pasa por fiarte de ellos —dijo aún riendo Sabrina—. Además vas a ser un Papá Noel muy guapo.
—Esto no se quedará así, me lo cobraré, tarde o temprano me lo cobraré —sentenció mirando a sus hermanos—. Ahora me voy, que paguen los tramposos. —Se levantó y los dejos aún desternillándose de risa.
—Bruno eres muy bueno, ni yo me di cuenta cuando cambiaste los dos palillos grandes por los pequeños —comentó Mario entre risas.
—Es un arte, a mis hijos los entretengo horas con mis trucos.
—Pues, hermanito, como eres tan bueno… esta Nochebuena serás el encargado de divertir a la familia con tus trucos —afirmó Sabrina.
—¡No, no y no! —protestó indignado.
—Sí, porque si no lo haces, serás el Papá Noel por tramposo. —Lo miró fijamente a los ojos.
—Esta bien —aceptó de mala manera.
—Menos mal que no tengo ninguna habilidad —dijo Mario volviendo a reír.
—Tranquilo, hermano, que este año pringáis todos —sentenció.
—¡¡Qué!! —gritó levantándose.
—Este año serás un elfo que vendrá a ayudar a Papá Noel —explicó Sabrina tendiéndole una bolsa con el traje.
—¡Me niego! Además de dónde has sacado ese traje, aquí no existen.
—Lo mandé a hacer; seguro que poco a poco inicio una moda en España. —Sonrió mirando a su hermano—. Por otra parte, no querrás ser el único que se disfrace ¿Verdad?; porque eso será lo que ocurra si le cuento a la mamma lo tramposo que eres.
—Eres un demonio, hermanita. —Cogió la bolsa de mala manera y la miró de frente—. Ahora me voy… y por todo esto la que va a pagar la cuenta eres tú.
Se giró y se fue cargando con el puñetero disfraz; Bruno se reía hasta las lágrimas, pensaba que a él le había tocado el menor de los males.
—Yo que tú no me reiría tanto.
—¿Por qué? —preguntó intentando recuperarse.
—Porque vas a hacer de Juan Tamariz (1), aquí tienes tu disfraz. —Le tendió una bolsa por la que se podían ver algunos cabellos largos y grises de una peluca.
Bruno la miró y luego a la bolsa como si fuera una serpiente. La cogió y sacó la peluca larga, un bombín morado, unas gafas y un chaleco negro; volvió a mirar a su hermana sin pizca de diversión en su cara.
—Eres… eres…
—Soy la mejor; así dejarán de hacer el idiota cada vez que uno de vosotros tenga que vestirse de Papá Noel. A partir de ahora los tres pringareis.
—Seré el hazmerreír de todos
—Estarás genial, hala, vete a preparar tus trucos, mago.
Bruno se marchó malhumorado, no le apetecía para nada disfrazarse, para nada. Sabrina se tomó la cerveza muy satisfecha, pagó la cuenta y recogiendo sus bolsas se fue a terminar de comprar. Esa sería una Nochebuena muy divertida.


25 de diciembre, 1:30 de la madrugada…
Paolo estaba sentado con su enorme barriga de Papá Noel mirando a sus hermanos y disfrutando de sus caras. Había sido la mejor Navidad desde hacía mucho tiempo. Al final él fue el más agraciado con su traje.
—Creo que ya te has reído lo suficiente de los dos —comentó Mario metido en su traje verde de elfo.
—Lo mismo digo —respondió Bruno quitándose la peluca que ya le picaba.
—Para nada, esta ha sido la mejor Navidad… los dos estáis…
—¿Estamos qué? —Se levantó cabreado Mario.
—Ridículos.
Se miraron unos a otros y luego se miraron así mismos estallando a continuación en carcajadas. El resto de la familia los veía desde lejos y sonreía.
—Figlia, fue una idea maravillosa; el mejor regalo de Navidad que nos podías haber dado a papá y a mí, ver la sonrisa brillar en los ojos de Paolo… ahora solo falta que el nuevo año le traiga de nuevo el amor.
—Yo creo que así será, mamma, todos lo hemos pedido con fuerza y por eso tiene que concederse —afirmó Sabrina.
Se levantó y cogió la cámara de fotos, se acercó a sus hermanos y gritó:
—¡Sonrían!
Los tres se giraron y gritaron sonriendo a la cámara.
—¡Feliz Navidad!
Y así fue como ese día quedó inmortalizado para siempre, como el día en el que Paolo volvió a sonreír.






¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

(1) Juan Tamariz: famoso mago humorista español. Si quieren conocer más sobre él les dejo este enlace... y está foto

JUAN TAMARIZ






miércoles, 3 de diciembre de 2014

CUESTIONARIO CANALLA DE D.W.NICHOLS

Muy buenas a todos...

Para los que quieran conocerme un poco más les dejo el enlace del blog de mi compañera de pluma y colección... D.W.Nichols o Alaine Scott, en el me he sometido a su cuestionario canalla desvelando un poco más de mi.

CUESTIONARIO CANALLA

Pincha sobre el título y descubre más sobre mi.




¿Qué significará está imagen?

lunes, 1 de diciembre de 2014

PUBLICO MI PRIMERA NOVELA


Con alegría y mucha emoción les informo que publicaré mi primera novela con editorial Multiverso.


La fecha de lanzamiento y la portada las anunciaré en pocos días, y si quieren estás al tanto pueden seguirme por Facebook o en mi blog de escritora, o en el Facebook de la editorial (pronto se anunciará la web)...

Dejo aquí el enlace, pero a la derecha también pueden encontrarlo.

BLOG ESCRITORA

MULTIVERSO EDITORIAL



sábado, 29 de noviembre de 2014

JESSICA LOZANO

Hoy en la sección conociendo autores, he invitado a una autora novel a que nos cuente un poco de ella y de sus novelas... Como irán comprobando en éste apartado daré cabida a todo tipo de escritoras y escritores, desde las consagradas hasta las que como yo, empezamos en este apasionado mundo de escribir las historias que nuestra mente teje para el disfrute de nuestros lectores.

Aquí las preguntas y respuestas de Jessica Lozano, le doy las gracias por prestarse a participar en esta sección. 


Comenzamos...


Corta biografía
Nací en Madrid. Desde pequeña he sido una gran aficionada a la lectura y eso me animó a adentrarme en el mundo de la escritura. En mi tiempo libre me dedico a escribir novelas eróticas mezcladas con intriga y romance.  En febrero de 2013  dos de mis relatos fueron seleccionados para formar parte de la antología 150 Rosas. He publicado con Suma de Letras mi novela “No he acabado contigo” y recientemente he autopublicado “El baile del cazador”



Preguntas indiscretas:

  • ¿Siempre quisiste escribir?
La verdad es que sí, pero hasta ahora nunca había sido consciente de que me gustase tanto hacerlo, no me lo tomaba en serio, pero mirando hacia atrás, me doy cuenta que de pequeña siempre había tenido un diario e incluso empecé dos novelas que nunca terminé.

  • ¿Por qué el género romántico?
Siempre he leído mucho, me encanta leer, autores como Agatha Christie, Ken Follet, Tolkien, Mary Higingns Clark, pero antes no solía leer género romántico y erótico. Hace unos años fui con una amiga al Fnac y me compré “La noche del cazador” de Nalini Singh, después de eso comencé a devorar los libros de este género, J.R Ward, Shayla Black…  y entonces llegó a mis manos ,“Ardiente Verano” de Noelia Amarillo. Me gustó tanto que  busqué a la autora en internet, me sorprendí al ver lo cercana que era, y empecé a leer a más autoras españolas. Ahora no puedo parar de leer novelas de este género.

  • Lo primero que escribiste fue…
Aunque había escrito pequeñas cosas antes,  “El baile del cazador” es lo primero que escribí.

  • Lo haces a cualquier hora o te marcas un horario para hacerlo… ¡Escribir! (¿En qué estarías pensando?)
Jejeje, lobazaaa. No, la verdad que ahora mismo entre el trabajo, cursos y compromisos escribo cuando tengo algo de  tiempo libre, que no suele ser mucho.

  • ¿Has estado escribiendo dos novelas al mismo tiempo? ¿Qué tal fue la experiencia?
Sí, estaba escribiendo “El baile del cazador” y de pronto me pidieron los lectores de Wattpad que continuase la historia de “No he acabado contigo” lo fui haciendo al mismo tiempo. Fue una locura, prefiero escribir una historia y si veo que no avanzo con ella dejarla apartada para más adelante y centrarme en otra.

  • ¿Auto publicación o editorial? ¿Por cuál te decantas?
Creo que realmente lo importante es con qué editorial publicas, si ellos te publican solo en digital pero te dan publicidad, se implican con tu novela, etc, merecerá la pena. Si te publican en papel y hacen lo mismo también estará bien, que haya comunicación entre ambos, pero si esto no se produce, entonces prefiero la autopublicación, de esta forma  sé las unidades que estoy vendiendo, puedo publicar tanto en papel como en digital y al fin y al cabo la publicidad la tengo que hacer igualmente.

  • ¿Son importantes los comentarios que te dejan tus lectores? ¿En qué medida te ayudan?
Muchísimo, en serio, soy muy perfeccionista por lo que muchas veces me siento muy insegura con mis novelas,  siempre le saco defectos y cuando los lectores te dicen que gracias a mi libro han retomado la lectura, que no podían parar de leer, que les ha encantado los personajes, me ayuda a continuar y a ser más optimista. Siempre pienso que tengo que mejorar muchísimo, pero ellos me animan cada día. En definitiva, me dan fuerzas para no rendirme y seguir adelante.

  • ¿La interacción lector – escritor a través de las redes sociales es positiva? ¿Por qué?
Mucho, me encanta publicar en Wattpad porque tengo contacto directo con ellos, cada capítulo que subo me van diciendo que les ha parecido, si les he sorprendido etc… Incluso si hay alguna crítica negativa (constructiva) también te ayuda para seguir aprendiendo y mejorar.

  • ¿Qué esperas del lector?
Que disfrute, que sienta, que logre provocarle mil sensaciones, que se distraiga momentáneamente del mundo real y se despeje de todo.




Tus personajes:

  • ¿Alguno te ha dado guerra? ¿Cuál?

El malo de “El baile del cazador”, me documenté muchísimo para averiguar perfiles de psicópatas, leí sobre el tema hasta el punto que ya no quería volver a leer nada sobre aquello, me sobrecogía con muchas de las cosas de las que era capaz el ser humano.

  • El más fácil de crear

Tara, de “No he acabado contigo”  me mostraba como quería ser de forma tan sencilla… Fue muy fácil crearla, más bien se creó ella sola. Nunca entendía cuando escuchaba a otros escritores decir que los personajes hacen contigo lo que quieres. Ahora  lo entiendo jeje.

  • Al qué más quieres

Pff no podría decir al que más quiero, quizá tengo un especial cariño a Sheila, de “El baile del cazador” a la pobre la hago sufrir mucho.

  • Al qué más odias

Al cazador jeje.

  • Al qué nunca olvidarás

Creo que todos tienen un rincón en mi corazón, cada uno tiene algo que hace que no pueda olvidarlos, pero si tengo que decir a uno, sería Sheila. Su fuerza, la capacidad que tiene de no rendirse, todo lo que siente al estar en atrapada en unas circunstancias tan duras.





Tus comienzos como escritora / escritor (brevemente como comenzaste en este mundo tan apasionante)
Me gusta mucho bailar, veo todas las películas de baile y un día en un foro pregunté si alguien me podía recomendar algún libro erótico y de baile. En aquel momento (hace más de dos años) no había ningún libro así, por lo que me animé a escribirlo. Empezó siendo un juego, no tenía intención de hacer nada con él, pero paralelamente gracias a la publicación de varios relatos y de la  novela  “No he acabado contigo” y de firmar en la Feria del Libro, no me lo podía creer, así que terminé “El baile del cazador” y lo mandé a varios concursos sin éxito por lo que por ahora he decidido volver a autopublicar.

Anécdotas divertidas mientras escribías alguna de tus historias (Anécdotas, curiosidades y demás sucesos que te ocurrieron a lo largo de proceso creativo)
En el proceso creativo, una de las cosas que más me sorprendió fue mi relato “Sentirte solo una vez”, tenía claro la historia,  lo que quería transmitir, pero justo la frase final que dice el protagonista me vino a la mente en ese preciso momento y creo que es uno de mis relatos preferidos porque fue la frase perfecta para terminar aquel relato.

Títulos de tus obras 
No he acabado contigo y El baile del cazador.

Nos soplas alguna noticia sobre un proyecto futuro…
Me alejaré un poco del género erótico (no del todo claro jeje), pero tendrá algo de paranormal, romance y misterio.

Unas palabras para tus seguidores…
Hace poco me preguntaron cuál era el objetivo que tenía a la hora de escribir, ¿qué es lo que busco? Lo he meditado y sinceramente, lo crea la gente o no, lo que más deseo no es hacerme famosa, ni ganar mucho dinero con esto. Lo que realmente me llena es que me lean, no defraudar a mis seguidores, seguir escuchando sus palabras de aliento, ver como se emocionan con mis personajes, que no se cansen y quieren más.
Si sigo escribiendo, es gracias a vosotros, si no estuvierais ahí no tendría sentido continuar.  Muchísimas gracias por animarme a creer en mí misma como escritora.

WEB DE JESSICA LOZANO





Tus novelas...

En febrero de 2013 le publicaron 2 relatos en el libro 150 Rosas de Divalentis editorial, una experiencia preciosa en la que ésta servidora tuvo la suerte de conocer a Jessica, una persona que se hace querer desde el minuto uno. A partir de ahí nos fuimos conociendo y creando un lazo de amistad y cariño.

Gracias a esta publicación, vivió la experiencia de firmar en la feria del Libro de Madrid, algo que todo escritor sueña con poder lograr.




En febrero de 2014 después del éxito obtenido en Wattpad, Jessica público en Amazon su primera novela "NO HE ACABADO CONTIGO" y después de dos meses entre los 10 primeros de ficción erótica, la editorial Suma de letras la público en digital.










 











     Sinopsis:

      «Quizá no quieras escuchar esas dos palabras, pero te las voy a grabar en la piel con mis caricias, vas a percibir todo lo que hay detrás de ellas. Quiero traspasar tus barreras hasta lograr demostrarte lo que siento por ti».

Tara no lo conoce, no sabe su nombre y aun así se deja llevar por la pasión en aquella sala de cine. Todo comienza como una erótica fantasía, pero se transforma en algo obsesivo; en una descontrolada atracción. Él la arrastra hasta el límite y logra que lo desee con solo mirarla. Intenta alejarse. No puede permitirse tener una relación, pero Damyan es directo y muy persuasivo, sabe que algo le oculta e intenta que confíe en él. Tara no puede hacerlo y lo que pensó que sería un simple juego se convertirá en algo peligroso. Su oscuro pasado volverá para recordarle, que esté donde esté la encontrará y su vida dependerá de la decisión que tome.

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En Marzo de 2014 sus dos relatos fueron de nuevo seleccionados en el concurso 152 Rosas blancas, y de nuevo vivió la experiencia de firmar en la feria del libro de Madrid. Experiencia que pude compartir con ella y que jamás olvidaré.









El pasado 7 de noviembre, Jessica autopublicó su segunda novela...

"EL BAILE DEL CAZADOR"


la tenéis disponible en Amazon, tanto en papel como en digital... Les dejo la sinopsis y el booktrailer para abrir boca.
Sinopsis:

«Cuando bailo contigo lo único que me importa es este momento, tu cuerpo contra el mío, el calor de tu piel... Es el único instante en el que eres realmente mía, en el que somos uno». 

Una de las pasiones de Zoe es bailar, por lo que decide apuntarse a clases de baile latino. No sospecha que su monótona vida dará un giro inesperado de la mano de su pareja de baile, un hombre atractivo y seductor que intentará hacerle descubrir un universo lleno de erotismo y sensualidad. 
Mientras se preparan para participar en un concurso, vivirá un conflicto interno entre sus inseguridades y el poderoso deseo que siente hacia él, sin imaginar que su mundo se verá amenazado por el acecho del cazador, un psicópata que secuestra y tortura a mujeres, manteniendo en jaque al cuerpo de policía. 

PINCHA PARA COMPRARLA AQUÍ










Termino dando las gracias a Jessica y deseándole mucha suerte con sus novelas... que disfrute de cada paso, de cada pequeño momento, porque son esos los que quedan en el recuerdo para siempre.

Como escritora novel, ese es mi mensaje para mis compañeras de pluma que comienzan... disfruten de cada logro por pequeño que sea, de cada peldaño escalado, de cada momento vivido. Porque en eso se resume esta maravillosa aventura que hemos iniciado. 

Quizás te lean muchas, quizás pocas, quizás gustes más o menos... eso se sabrá con el tiempo. Pero lo seguro es que la experiencia que estamos viviendo es enriquecedora, porque nos permite conocer gente maravillosa y vivir experiencias únicas, que serán nuestros pequeños tesoros.

Nunca dejes de perseguir tus sueños y disfrutar lo que te encuentres por el camino...

Hasta la siguiente, sed felices que la vida es corta.