Hace unos días terminé de leer la serie completa
y le mandé a Mariel mi impresión sobre la misma por email. Quería hacerle la
reseña antes, pero decidí esperar a este día, 11 de septiembre, por lo
significativo que es para la autora. Por otra parte, he decidido utilizar lo
que ya le escribí, puesto que fueron palabras que nacieron de mi corazón.
Quiero felicitar a Mariel por cómo ha sabido
unir la trama desde el primer encuentro entre Gabriela y Andrés. A partir de
ese momento fue creando, con su duende particular, unas hermosas historias de
amor, cariño, amistad y unión familiar. No solo el amor entre un hombre y una
mujer. También ha sabido reflejar el amor profundo que puede surgir por alguien
que, aunque no sea de tu propia sangre, sientes que forma parte de tu corazón y
sabes que ese lazo es tan fuerte como el de la misma sangre.
Cuidarte el alma nos habla del amor en la
madurez, de que nunca es tarde para ser feliz. Gabriela y Andrés son personajes
muy intensos que han sufrido de distintas maneras. Una pareja que se funde en
uno solo desde la primera mirada.
Tatuada en mi alma y Paulina en cuerpo y alma…
Son historias muy especiales porque Paulina es un ser sensible que no solo
conquista el cariño de Andrés, sino que encuentra en Nacho la otra mitad de su
alma. Tendrán que luchar mucho para lograr que el amor que nació desde que eran
adolescentes, pueda sobrevivir y hacerse más fuerte a pesar de las adversidades
de la vida.

Mariel ha sabido transmitir uno de los
sentimientos que más valoro, el amor por sobre todas las cosas. No importa el
credo, ni la sangre; el amor, cuando es verdadero, va más allá de engendrar y
dar vida a un hijo… Es una conexión mágica que une dos corazones.
Debo confesar que aunque disfrute de todas
las historias, no sé por qué, me enamoré de la última, la de Renzo y Eva.
A veces no es suficiente con estar
enamorados, sino que es necesario tener la madurez para saber vivir ese amor.
La juventud y, sobre todo, la adolescencia suelen jugar malas pasadas, porque
los jóvenes confunden sucesos y se dejan llevar por los celos.
Renzo y Eva tuvieron que vivir su infierno
personal para poder crecer y asumir que no fueron, únicamente, los errores de
terceras personas los que afectaron su relación, sino también sus propios
errores… No hablar claro, no confiar el uno en el otro y sacar conclusiones
equivocadas los llevó a ese infierno de soledad y tristeza. Aunque, luego, ese duende movió sus hilos y,
cuando ya estaban preparados, los llevó por el duro camino del reencuentro.
Esta serie es, para mí, la mejor que ha
escrito Mariel hasta el momento, y eso que todavía me queda por leer Entrégate.
Hasta las escenas de sexo son mejores o, al menos, a mi me lo han parecido.
Felicidades, amiga… espero que sigan
lloviendo éxitos.