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BIENVENIDOS

Mi blog vio la luz, el día 18 de Octubre de 2012...

Les doy la bienvenida a mi rincón, donde todos los relatos, cortos o escritos que comparta con ustedes, nacen de mi corazón e imaginación.
Los personajes que pueda crear en mi mente no tienen ningún parecido con alguna persona real.
Cualquier imagen que utilice para representar a mis personajes es simplemente porque esas personas tienen las características de los protagonistas de mi historia.

Ya saben... un blog crece y se alimenta de comentarios, espero los vuestros.

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jueves, 23 de abril de 2015

A los lectores... ¡Gracias!


Hoy en el día internacional del libro quiero felicitar a los lectores… ¿Por qué a ellos? Porque no habría libros sin no hubiera lectores.

Esto es muy simple y a la vez complejo de explicar. Un escritor siempre escribirá, publique o no publique sus historias, si ama la escritura siempre sentirá el deseo de escribir, para sí mismo o para su familia y amigos. Ahora bien, ¿Qué haría una editorial si no hubiese demanda de libros por lectores? ¿Qué harían los profesionales de la edición, maquetación, corrección si no hubiese lectores? Sin vosotros no habría nada que leer.

Todos los amantes de la lectura sois los que lográis que existan más o menos publicaciones. Porque sin ventas no hay posibilidad de publicar más libros, y sin lectores es difícil que hayan ventas.


Por todo ello, creo que hay que felicitar al lector por amar la lectura, por animar a sus escritores favoritos, por inculcar a las nuevas generaciones ese amor por los libros… por permitirnos llegar a vosotros a través de esas historias que nacen de la imaginación. Por todo eso, gracias y feliz día del libro.





sábado, 18 de abril de 2015

EL LADO OSCURO DE YADIRA


La noche estaba tan animada como siempre, hombres y mujeres que buscaban desinhibirse del día a día, de la rutina y monotonía de sus vidas. Muchos de ellos con sus máscaras, para cubrir con ellas su identidad y mantener así su anonimato.
Yadira conocía a algunas de las personas que estaban esa noche en el club, con algunos había tenido tratos laborales y otros eran meros conocidos. Al igual que esas personas, ella protegía su identidad bajo una hermosa máscara color negro y plata, que le cubría la mitad de la cara.
Era una noche muy animada la de ese sábado y, aunque le hubiese gustado quedarse en el gran salón a charlar y compartir, se dirigió a la suite que siempre tenía reservada en el club. Llevaba ya dos meses sin poder escaparse de su rutina y necesitaba el placer que solo él lograba darle. Se conocían desde hacía más de un año, pero él nunca había mirado su rostro. Habían intimado más que cualquier pareja y, aún así, Yadira no quería descubrirle su identidad.
Nadie conocía su lado oscuro; ese era su secreto, su momento de evasión de los problemas y presiones diarias, su placer… el que solo lograba encontrar junto a él.
Tocó la puerta y, al escuchar su voz profunda, entró, cerró tras de sí y, como siempre, se quedó mirándolo fascinada.
—Buenas noches, Yadira  —saludó el hombre que estaba sentado en un cómodo sillón.
—Buenas noches… Señor.
—Te he extrañado. Llevas mucho tiempo sin venir.
—No ha sido porque no lo haya deseado  —murmuró, sintiendo como la intensa mirada de él la recorría, palmo a palmo, con toda la parsimonia del mundo.
Se estremecía al sentir la suave caricia de su mirada, esos ojos verdes que se deslizaban por cada milímetro de su piel, haciendo que su cuerpo respondiera al estimulo…, sensibilizándose, sintiéndose febril, ardiente y deseoso de más.
—Acércate y arrodíllate entre mis piernas   —ordenó con suavidad.
Sin decir nada cumplió la orden; al estar de pie entre sus piernas, sus miradas quedaron atadas la una a la otra mientras Yadira descendía lentamente hasta que sus rodillas tocaron el suelo. Él acercó su mano, de dedos largos y uñas cuidadas, y acarició con suavidad sus rizos negros haciéndola estremecer de placer.
Su cuerpo estaba expectante y deseoso de recibir todo lo que solo él sabía darle; al mismo tiempo, quería entregarse completamente, sin miedos, sin restricciones, como solo lo lograba con el señor. Una entrega absoluta.
—Cada día te deseo más, Yadira… —Se quedó callado, clavando su intensa mirada verde en los ojos que se ocultaban tras la máscara—. Te has metido en mi mente y en mi piel como ninguna otra lo ha hecho jamás. ¿Por qué no confías en mí plenamente?
—Yo confió en ti, con nadie me entrego de la manera que lo hago contigo  —afirmó mirándolo a los ojos.
—Lo sé, lo siento y lo vivo cada vez que estoy dentro de ti. Cada vez que mi polla penetra tu hermoso coño; pero ya no es suficiente. Si confiaras en mí, después de casi un año, tu rostro no seguiría siendo un misterio.
Ella bajó la mirada al suelo, no era la primera vez que él sacaba el tema de la máscara; en eso no podía complacerlo. Se sentía segura tras esa careta que no permitía a nadie sospechar quien era. Al mismo tiempo, eso la liberaba, haciéndola sentir más desinhibida y receptiva a disfrutar todas las fantasías que le proponía.
—No es por ti, es por mí; la necesito… sin ella no existiría Yadira  —murmuró.
—Seguiré insistiendo hasta lograrlo… y también seguiré pidiéndote que nos veamos más a menudo, que me permitas invitarte a mi casa, a mi terreno.
—Es curioso, tú me dices que insistirás hasta descubrir todo de mí… pero yo no sé cuál es tu nombre.
—Lo sabrás cuando yo pueda ver, tocar y besar tu cara, y no solo tus labios  —dijo en voz baja sobre su boca.
Con su mano derecha él tiró fuerte de su cabello hacia atrás para poder acceder y dominar mejor el beso. Su boca devoró con hambre y deseo la de Yadira que, entregada, lo dejó hacer, correspondiendo con igual pasión. Ninguna parte de sus cuerpos se tocaba, tan solo sus bocas y la mano que sujetaba su cabello… El calor que ambos irradiaban aumentaba en igual proporción que el beso. Sus lenguas se saludaban con anhelo, tragándose los gemidos que generaban sus gargantas.
Era un beso tan profundo que daba la sensación de que querían engullirse uno a otro, sus lenguas bailaban una contra la otra y los gemidos de placer se escuchaban por toda la habitación. Yadira temblaba de deseo, la excitaba sentir el control que ejercía él con su presencia y con su voz. Poder dejar de pensar, de elegir, de decidir durante unas cuantas horas, en las que solo se dejaba llevar por lo que sentía; se empapaba en el placer que solo el señor lograba darle.
El beso acabó como empezó, y sin dejar de tirar de sus cabellos continuó besando su barbilla mientras descendía hacia su esbelto cuello. Yadira respiraba agitadamente mientras con la boca abierta intentaba insuflarse aire y, así, sofocar de alguna manera los escalofríos que recorrían su cuerpo y que despertaban sus pezones, que erguidos se marcaban en la tela del vestido rojo que llevaba.
—Me gusta saborearte —susurró sobre su oído.
A continuación humedeció con su lengua el contorno de la pequeña oreja de Yadira, provocándole pequeños estremecimientos de placer. El cuerpo de ella ardía desde dentro y su vagina se lubricaba con la esencia de su deseo.
—¿Qué deseas hoy de mi, Yadira? —preguntó dejando de besarla y acomodándose en la butaca, mientras ella lo miraba desde su posición, arrodillada entre sus piernas.
—Tú sabes lo que necesito… —murmuró entrecortadamente—, conoces mis necesidades.
—Lo sé, mi hermosa y enigmática Yadira. —Acarició su cabeza con suavidad—. Necesitas olvidarte de todo, que controle todo por ti… no pensar, solo sentir —afirmó.
—Sí, señor —respondió bajando la mirada al suelo.
—Como sé que te gusta… vas a chupármela.  Aunque antes, quiero que te pongas de pie y te quites la ropa… quiero disfrutar de tu cuerpo, que es mío dentro de estas cuatro paredes.
Yadira se incorporó y mirándolo fijamente a los ojos, a través de su hermosa máscara, se fue desnudando con lentitud, sin dejar de apreciar como las pupilas del él se dilataban y brillaban con intensidad, a medida que su piel iba quedando expuesta.
—Tengo las mismas ganas de castigarte que de follarte, y ambas son por el mismo motivo… tu ausencia durante tanto tiempo, el no saber de ti, el no poder llamarte —comentó con voz ronca sin dejar de mirarla de arriba abajo—. Voy a hacer ambas cosas. Yadira, de rodillas —ordenó.
Sin dudarlo, ella obedeció y de nuevo se puso de rodillas entre sus piernas. La imagen mostraba un contraste muy erótico. Él completamente vestido y ella con su cuerpo libre de ataduras, expuesto a su mirada.
—Sé que te gusta tragar pollas, eres una buena traga pollas, ¿verdad, Yadira? —Acarició su cabeza mientras hablaba—. Hazlo, chúpamela.
Ella se acercó más a él y desabrochó el botón de la cintura de su pantalón, a continuación, bajó con suavidad la cremallera descubriendo ante sus ojos unos slips color blanco inmaculado. Metió las manos a cada lado de su cadera y cogió la cinturilla del calzoncillo junto con el pantalón. Con la ayuda del señor, deslizó ambas prendas por debajo de las nalgas dejando al descubierto la imponente erección, que lucía exultante.
Como sabía que le gustaba, colocó las manos a su espalda y acercó solo su boca a la punta de su pene, roja y brillante, que tenía frente a sus ojos. Parecía una ciruela apetitosa que esperaba ansiosa a que la saboreara; y, eso exactamente, fue lo que hizo Yadira.
Abrió su boca y con la lengua empezó a lamer la cabeza haciendo círculos y arrancando gemidos de su señor. Continuó introduciéndose el pene, poco a poco, hasta llegar al máximo de su capacidad; su lengua arremolinada lamía la enorme y venosa polla, succionando con fuerza y consiguiendo arrancar más gemidos como respuesta.
Se sentía poderosa, sexy y atrevida… lograba provocar respuestas en él, que la excitaban de tal manera que su vagina segregaba más y más fluido, el cual resbalaba entre sus muslos. Ella continuó degustando el pene que tenía a su merced, disfrutando de su sabor único: a hombre caliente, a macho excitado.
—Quiero… que te lo… bebas… todo. Acelera, llévame al orgasmo, como solo tú sabes hacerlo —exigió con la respiración entrecortada y los parpados caídos.
Ninguna parte de sus cuerpos se tocaba, estaban unidos solo por la boca de ella y el sexo de él, algo que los excitaba a ambos por igual. Yadira obedeció y succionó con más fuerza, imprimiendo un ritmo continuo mientras lamía, chupaba y arañaba con los dientes la polla gruesa que poseía con avidez.
Las caderas del señor seguían el ritmo que ella marcaba; y, acompasados, cada vez aumentaban más la velocidad. Él con los ojos cerrados echó la cabeza hacia atrás y, gritando el nombre de Yadira, se dejó ir inundando su boca con su esencia. Ella se bebió hasta la última gota con las ansias de un sediento.
En la habitación, únicamente, se escuchaban los resuellos de él y la respiración agitada de ella. Sin dejar de mirarlo, Yadira se limpio las comisuras de la boca con el dedo y se lo chupó con fruición, logrando que él diera un respingo en el asiento.
—Sabes cómo volver loco a un hombre… —musitó aún agitado—, quiero ser el único al que enloquezcas y no descansaré hasta lograrlo. —A continuación se incorporó en la butaca, se metió el pene dentro de los pantalones y se los abrochó. Luego, sujetándola de los hombros la hizo levantarse junto a él—. Serás solo mía, Yadira —susurró sobre sus labios.
—Soy tuya, aquí y ahora —contestó.
—Ya no es suficiente… para mí , ya no basta con esto. —La beso con pasión, deseo y… algo más, algo que la asustó—. Ahora, voy a follarte hasta que tu cuerpo memorice el mío.
La cogió entre sus brazos y caminando hacia la cama la depositó con suavidad sobre el colchón. Mirándola fijamente se desnudó y Yadira pudo comprobar que estaba otra vez empalmado, algo que la hizo excitarse más todavía.
Se inclinó sobre ella colocando una mano a cada lado de su cabeza, acercó su boca a la boca de Yadira y, sin dejar de contemplarla, le dijo:
—Déjate llevar. El juego ha cambiado. —Fundió su boca con la de ella y la cubrió con todo su cuerpo caliente.

*****


—Mamá, perdona, ¿te he despertado?  —dijo Iván al entrar en el dormitorio de su madre.
—No hijo, solo estaba remoloneando en la cama.
—Vale, pero deberías aprovechar para descansar más, esas interminables guardias tuyas, van a acabar con tu salud.  —Se giró para marcharse, pero luego recordó algo y volvió a entrar—.  Perdona, que cabeza tengo, entré para entregarte éste sobre que encontré en el buzón junto a la correspondencia. ¿Conoces a una tal Yadira?  —preguntó su hijo.
Irene se quedó paralizada sin poder respirar, solo su corazón latía acelerado, iba a tal velocidad que parecía que se le saldría por la boca en cualquier momento. Un sudor frío recorrió toda su espina dorsal produciéndole un temblor involuntario, era tal su estado de confusión que no atinaba a pronunciar palabra alguna.
—¡Mamá! ¿Te pasa algo?   —La voz de su hijo la hizo salir del trance que el nombre de Yadira había provocado en ella.
—Perdona, hijo… aún estoy medio dormida. —Intentó sonar distraída.
—Pues te dejo aquí el sobre… ¿Qué harás?, ¿llevarlo a correos?
—No, no sé, preguntaré en el edificio, seguramente es de algún nuevo inquilino, se habrán equivocado de buzón  —improvisó para salir del paso.
—Lo raro es que no pone remite, ni tampoco pone dirección de destinatario… solo ese extraño nombre  —habló Iván mirando a su madre.
—Algún mensaje privado de alguien, quién sabe, hijo.
Iván se despidió y salió dejándola sola en su habitación. Irene miraba el sobre como si fuera una serpiente venenosa a punto de inocularle el veneno al menor movimiento. Alargó la mano derecha, que temblaba de manera incontrolable, y rozó con sus dedos la esquina del sobre blanco. Su mente daba mil vueltas llena de preguntas, y ella estaba… absolutamente aterrorizada.
—Tiene que ser una pesadilla   —se dijo, así misma, sin dejar de mirar el envoltorio blanco, que escondía algo que podía cambiarlo todo.
Inspirando con fuerza, lo agarró entre sus dedos y lo estrujó tentada a arrojarlo a la papelera sin abrir, pero sabía que eso no serviría de nada. Alguien había descubierto su secreto.
Despacio abrió el sobre y extrajo un folio blanco doblado por la mitad, sus manos estaban heladas y su respiración agitada, debido al pánico que sentía por lo que iba a encontrar al desdoblar esa hoja de papel. Al mirar su contenido, el poco color que tenía en su rostro desapareció y sus ojos se abrieron con espanto al leer las siguientes palabras:

He descubierto tu secreto, Yadira… ahora estás en mis manos y, al fin, serás mía.

Agustín… el señor.





EL LADO OSCURO DE YADIRA

La noche estaba tan animada como siempre, hombres y mujeres que buscaban desinhibirse del día a día, de la rutina y monotonía de sus vidas. Muchos de ellos con sus máscaras, para cubrir con ellas su identidad y mantener así su anonimato.
Yadira conocía a algunas de las personas que estaban esa noche en el club, con algunos había tenido tratos laborales y otros eran meros conocidos. Al igual que esas personas, ella protegía su identidad bajo una hermosa máscara color negro y plata, que le cubría la mitad de la cara.
Era una noche muy animada la de ese sábado y, aunque le hubiese gustado quedarse en el gran salón a charlar y compartir, se dirigió a la suite que siempre tenía reservada en el club. Llevaba ya dos meses sin poder escaparse de su rutina y necesitaba el placer que solo él lograba darle. Se conocían desde hacía más de un año, pero él nunca había mirado su rostro. Habían intimado más que cualquier pareja y, aún así, Yadira no quería descubrirle su identidad.
Nadie conocía su lado oscuro; ese era su secreto, su momento de evasión de los problemas y presiones diarias, su placer… el que solo lograba encontrar junto a él.
Tocó la puerta y, al escuchar su voz profunda, entró, cerró tras de sí y, como siempre, se quedó mirándolo fascinada.
—Buenas noches, Yadira  —saludó el hombre que estaba sentado en un cómodo sillón.
—Buenas noches… Señor.
—Te he extrañado. Llevas mucho tiempo sin venir.
—No ha sido porque no lo haya deseado  —murmuró, sintiendo como la intensa mirada de él la recorría, palmo a palmo, con toda la parsimonia del mundo.
Se estremecía al sentir la suave caricia de su mirada, esos ojos verdes que se deslizaban por cada milímetro de su piel, haciendo que su cuerpo respondiera al estimulo…, sensibilizándose, sintiéndose febril, ardiente y deseoso de más.
—Acércate y arrodíllate entre mis piernas   —ordenó con suavidad.
Sin decir nada cumplió la orden; al estar de pie entre sus piernas, sus miradas quedaron atadas la una a la otra mientras Yadira descendía lentamente hasta que sus rodillas tocaron el suelo. Él acercó su mano, de dedos largos y uñas cuidadas, y acarició con suavidad sus rizos negros haciéndola estremecer de placer.
Su cuerpo estaba expectante y deseoso de recibir todo lo que solo él sabía darle; al mismo tiempo, quería entregarse completamente, sin miedos, sin restricciones, como solo lo lograba con el señor. Una entrega absoluta.
—Cada día te deseo más, Yadira… —Se quedó callado, clavando su intensa mirada verde en los ojos que se ocultaban tras la máscara—. Te has metido en mi mente y en mi piel como ninguna otra lo ha hecho jamás. ¿Por qué no confías en mí plenamente?
—Yo confió en ti, con nadie me entrego de la manera que lo hago contigo  —afirmó mirándolo a los ojos.
—Lo sé, lo siento y lo vivo cada vez que estoy dentro de ti. Cada vez que mi polla penetra tu hermoso coño; pero ya no es suficiente. Si confiaras en mí, después de casi un año, tu rostro no seguiría siendo un misterio.
Ella bajó la mirada al suelo, no era la primera vez que él sacaba el tema de la máscara; en eso no podía complacerlo. Se sentía segura tras esa careta que no permitía a nadie sospechar quien era. Al mismo tiempo, eso la liberaba, haciéndola sentir más desinhibida y receptiva a disfrutar todas las fantasías que le proponía.
—No es por ti, es por mí; la necesito… sin ella no existiría Yadira  —murmuró.
—Seguiré insistiendo hasta lograrlo… y también seguiré pidiéndote que nos veamos más a menudo, que me permitas invitarte a mi casa, a mi terreno.
—Es curioso, tú me dices que insistirás hasta descubrir todo de mí… pero yo no sé cuál es tu nombre.
—Lo sabrás cuando yo pueda ver, tocar y besar tu cara, y no solo tus labios  —dijo en voz baja sobre su boca.
Con su mano derecha él tiró fuerte de su cabello hacia atrás para poder acceder y dominar mejor el beso. Su boca devoró con hambre y deseo la de Yadira que, entregada, lo dejó hacer, correspondiendo con igual pasión. Ninguna parte de sus cuerpos se tocaba, tan solo sus bocas y la mano que sujetaba su cabello… El calor que ambos irradiaban aumentaba en igual proporción que el beso. Sus lenguas se saludaban con anhelo, tragándose los gemidos que generaban sus gargantas.
Era un beso tan profundo que daba la sensación de que querían engullirse uno a otro, sus lenguas bailaban una contra la otra y los gemidos de placer se escuchaban por toda la habitación. Yadira temblaba de deseo, la excitaba sentir el control que ejercía él con su presencia y con su voz. Poder dejar de pensar, de elegir, de decidir durante unas cuantas horas, en las que solo se dejaba llevar por lo que sentía; se empapaba en el placer que solo el señor lograba darle.
El beso acabó como empezó, y sin dejar de tirar de sus cabellos continuó besando su barbilla mientras descendía hacia su esbelto cuello. Yadira respiraba agitadamente mientras con la boca abierta intentaba insuflarse aire y, así, sofocar de alguna manera los escalofríos que recorrían su cuerpo y que despertaban sus pezones, que erguidos se marcaban en la tela del vestido rojo que llevaba.
—Me gusta saborearte —susurró sobre su oído.
A continuación humedeció con su lengua el contorno de la pequeña oreja de Yadira, provocándole pequeños estremecimientos de placer. El cuerpo de ella ardía desde dentro y su vagina se lubricaba con la esencia de su deseo.
—¿Qué deseas hoy de mi, Yadira? —preguntó dejando de besarla y acomodándose en la butaca, mientras ella lo miraba desde su posición, arrodillada entre sus piernas.
—Tú sabes lo que necesito… —murmuró entrecortadamente—, conoces mis necesidades.
—Lo sé, mi hermosa y enigmática Yadira. —Acarició su cabeza con suavidad—. Necesitas olvidarte de todo, que controle todo por ti… no pensar, solo sentir —afirmó.
—Sí, señor —respondió bajando la mirada al suelo.
—Como sé que te gusta… vas a chupármela.  Aunque antes, quiero que te pongas de pie y te quites la ropa… quiero disfrutar de tu cuerpo, que es mío dentro de estas cuatro paredes.
Yadira se incorporó y mirándolo fijamente a los ojos, a través de su hermosa máscara, se fue desnudando con lentitud, sin dejar de apreciar como las pupilas del él se dilataban y brillaban con intensidad, a medida que su piel iba quedando expuesta.
—Tengo las mismas ganas de castigarte que de follarte, y ambas son por el mismo motivo… tu ausencia durante tanto tiempo, el no saber de ti, el no poder llamarte —comentó con voz ronca sin dejar de mirarla de arriba abajo—. Voy a hacer ambas cosas. Yadira, de rodillas —ordenó.
Sin dudarlo, ella obedeció y de nuevo se puso de rodillas entre sus piernas. La imagen mostraba un contraste muy erótico. Él completamente vestido y ella con su cuerpo libre de ataduras, expuesto a su mirada.
—Sé que te gusta tragar pollas, eres una buena traga pollas, ¿verdad, Yadira? —Acarició su cabeza mientras hablaba—. Hazlo, chúpamela.
Ella se acercó más a él y desabrochó el botón de la cintura de su pantalón, a continuación, bajó con suavidad la cremallera descubriendo ante sus ojos unos slips color blanco inmaculado. Metió las manos a cada lado de su cadera y cogió la cinturilla del calzoncillo junto con el pantalón. Con la ayuda del señor, deslizó ambas prendas por debajo de las nalgas dejando al descubierto la imponente erección, que lucía exultante.
Como sabía que le gustaba, colocó las manos a su espalda y acercó solo su boca a la punta de su pene, roja y brillante, que tenía frente a sus ojos. Parecía una ciruela apetitosa que esperaba ansiosa a que la saboreara; y, eso exactamente, fue lo que hizo Yadira.
Abrió su boca y con la lengua empezó a lamer la cabeza haciendo círculos y arrancando gemidos de su señor. Continuó introduciéndose el pene, poco a poco, hasta llegar al máximo de su capacidad; su lengua arremolinada lamía la enorme y venosa polla, succionando con fuerza y consiguiendo arrancar más gemidos como respuesta.
Se sentía poderosa, sexy y atrevida… lograba provocar respuestas en él, que la excitaban de tal manera que su vagina segregaba más y más fluido, el cual resbalaba entre sus muslos. Ella continuó degustando el pene que tenía a su merced, disfrutando de su sabor único: a hombre caliente, a macho excitado.
—Quiero… que te lo… bebas… todo. Acelera, llévame al orgasmo, como solo tú sabes hacerlo —exigió con la respiración entrecortada y los parpados caídos.
Ninguna parte de sus cuerpos se tocaba, estaban unidos solo por la boca de ella y el sexo de él, algo que los excitaba a ambos por igual. Yadira obedeció y succionó con más fuerza, imprimiendo un ritmo continuo mientras lamía, chupaba y arañaba con los dientes la polla gruesa que poseía con avidez.
Las caderas del señor seguían el ritmo que ella marcaba; y, acompasados, cada vez aumentaban más la velocidad. Él con los ojos cerrados echó la cabeza hacia atrás y, gritando el nombre de Yadira, se dejó ir inundando su boca con su esencia. Ella se bebió hasta la última gota con las ansias de un sediento.
En la habitación, únicamente, se escuchaban los resuellos de él y la respiración agitada de ella. Sin dejar de mirarlo, Yadira se limpio las comisuras de la boca con el dedo y se lo chupó con fruición, logrando que él diera un respingo en el asiento.
—Sabes cómo volver loco a un hombre… —musitó aún agitado—, quiero ser el único al que enloquezcas y no descansaré hasta lograrlo. —A continuación se incorporó en la butaca, se metió el pene dentro de los pantalones y se los abrochó. Luego, sujetándola de los hombros la hizo levantarse junto a él—. Serás solo mía, Yadira —susurró sobre sus labios.
—Soy tuya, aquí y ahora —contestó.
—Ya no es suficiente… para mí , ya no basta con esto. —La beso con pasión, deseo y… algo más, algo que la asustó—. Ahora, voy a follarte hasta que tu cuerpo memorice el mío.
La cogió entre sus brazos y caminando hacia la cama la depositó con suavidad sobre el colchón. Mirándola fijamente se desnudó y Yadira pudo comprobar que estaba otra vez empalmado, algo que la hizo excitarse más todavía.
Se inclinó sobre ella colocando una mano a cada lado de su cabeza, acercó su boca a la boca de Yadira y, sin dejar de contemplarla, le dijo:
—Déjate llevar. El juego ha cambiado. —Fundió su boca con la de ella y la cubrió con todo su cuerpo caliente.

*****


—Mamá, perdona, ¿te he despertado?  —dijo Iván al entrar en el dormitorio de su madre.
—No hijo, solo estaba remoloneando en la cama.
—Vale, pero deberías aprovechar para descansar más, esas interminables guardias tuyas, van a acabar con tu salud.  —Se giró para marcharse, pero luego recordó algo y volvió a entrar—.  Perdona, que cabeza tengo, entré para entregarte éste sobre que encontré en el buzón junto a la correspondencia. ¿Conoces a una tal Yadira?  —preguntó su hijo.
Irene se quedó paralizada sin poder respirar, solo su corazón latía acelerado, iba a tal velocidad que parecía que se le saldría por la boca en cualquier momento. Un sudor frío recorrió toda su espina dorsal produciéndole un temblor involuntario, era tal su estado de confusión que no atinaba a pronunciar palabra alguna.
—¡Mamá! ¿Te pasa algo?   —La voz de su hijo la hizo salir del trance que el nombre de Yadira había provocado en ella.
—Perdona, hijo… aún estoy medio dormida. —Intentó sonar distraída.
—Pues te dejo aquí el sobre… ¿Qué harás?, ¿llevarlo a correos?
—No, no sé, preguntaré en el edificio, seguramente es de algún nuevo inquilino, se habrán equivocado de buzón  —improvisó para salir del paso.
—Lo raro es que no pone remite, ni tampoco pone dirección de destinatario… solo ese extraño nombre  —habló Iván mirando a su madre.
—Algún mensaje privado de alguien, quién sabe, hijo.
Iván se despidió y salió dejándola sola en su habitación. Irene miraba el sobre como si fuera una serpiente venenosa a punto de inocularle el veneno al menor movimiento. Alargó la mano derecha, que temblaba de manera incontrolable, y rozó con sus dedos la esquina del sobre blanco. Su mente daba mil vueltas llena de preguntas, y ella estaba… absolutamente aterrorizada.
—Tiene que ser una pesadilla   —se dijo, así misma, sin dejar de mirar el envoltorio blanco, que escondía algo que podía cambiarlo todo.
Inspirando con fuerza, lo agarró entre sus dedos y lo estrujó tentada a arrojarlo a la papelera sin abrir, pero sabía que eso no serviría de nada. Alguien había descubierto su secreto.
Despacio abrió el sobre y extrajo un folio blanco doblado por la mitad, sus manos estaban heladas y su respiración agitada, debido al pánico que sentía por lo que iba a encontrar al desdoblar esa hoja de papel. Al mirar su contenido, el poco color que tenía en su rostro desapareció y sus ojos se abrieron con espanto al leer las siguientes palabras:

He descubierto tu secreto, Yadira… ahora estás en mis manos y, al fin, serás mía.

Agustín… el señor.





lunes, 13 de abril de 2015

LA DIFÍCIL VIDA DE UN ESCRITOR

Se preguntarán a que viene el título y que os voy a contar, pues tan simple como la frase, la difícil vida de un escritor. Hablando con compañeras de pluma sobre el tiempo que disponemos para escribir, me di cuenta de que casi todas estamos igual… robando horas al sueño y, muchas veces, a la familia.

Por esa razón se me ocurrió contar a los lectores, la difícil vida de un escritor que no puede vivir de escribir. Muy pocos son los que, hoy por hoy, pueden decir que viven de sus libros. Sabemos que cada día es más difícil porque hay más donde elegir, porque la eterna crisis ha afectado a todos los sectores y, además, para sumar al carro, tenemos la piratería. Si, si, sabemos que no todos pueden comprar todos los libros que quisieran, somos conscientes de ello… pero, ¿es eso excusa para piratear un libro a pocas horas de su lanzamiento? ¿Es excusa piratear libros de menos de 3 euros?

Lo más triste de todo, es que no esperan al menos dos o tres meses para hacerlo, lo hacen al momento, a los pocos minutos de su lanzamiento. Por esa razón y, aun sabiendo que muchos no leerán este post o pasarán del mismo, he pensado que sería bueno contarles la difícil y dura vida de un escritor, lo que nos cuesta terminar una historia que muchos devoran en pocas horas, para alegría nuestra.

La mayoría, por no decir todos, tenemos un trabajo, una familia y una casa que llevar adelante. Yo os contaré mi historia y si alguna otra compañera quiere puede dejar aquí su historia particular.

El trabajo de escritor es casi el 70 u 80% amor al arte… lo hacemos porque nos gusta, porque lo necesitamos, porque nos permite soñar y hacer soñar… en pocas palabras, porque nos hace sentirnos muy realizados; al menos, es lo que me sucede a mí.

Yo empecé tarde porque antes hubiese sido imposible. Con tres niños, que entre ellos se llevan solo 3 años, un trabajo de 9 horas mínimo, una casa y sola… apenas tenía tiempo para mí. En mi caso particular os cuento que vivo en España desde hace 25 años, pero no tengo a nadie de mi familia cerca, solo estoy yo y mis hijos; divorciada hace catorce, no tenía posibilidad de plantearme escribir de manera profesional… así que mi escaso tiempo libre lo aprovechaba para leer. Actualmente mis hijos ya son adultos y, por lo tanto, ya no me necesitan tanto como antes, pero, a pesar de eso, sigo trabajando 9 horas diarias o más. Me voy de casa desde las 7:45 de la mañana y no regreso hasta las 8 o 9 de la noche. Luego tienes cosas que hacer y las horas vuelan.

Suelo escribir de noche y algunos fines de semana, robo horas al sueño, es raro el día que me acueste antes de la 1 o 2 de la mañana y a las 7 estoy en pie. Sinceramente, creo que la fuerza para escribir nace del placer que ello me reporta y, cuando logras llegar al lector y ves que también le ha gustado tu historia; entonces ese placer y esas ganas se multiplican. A pesar de todo ello, es muy difícil hacerse un hueco en este mundo, sobre todo si cuando te dan la oportunidad de publicar no logras vender… seamos francos, esto es un negocio del que viven muchas personas: Editores, correctores, maquetadores, libreros, distribuidores, imprentas… y más personas, que trabajan horas para llevarse un sueldo a casa.

Me gustaría preguntarle a muchos de los lectores, ¿qué pensarían si el puesto de trabajo de un ser querido estuviera en juego?

No soy hipócrita, estoy segura que todos en algún momento hemos consumido algún producto pirateado… Sea un bolso que no es de marca, sea un película, una canción, un libro… la piratería hoy día es imparable. Es casi como querer acabar con la economía sumergida, el dinero negro… etc. No voy a entrar en política, no me gusta y no me interesa. No quiero hacer ningún decálogo ni mucho menos, no pretendo ofender, ni criticar a nadie. Cada persona sabe cuál es su situación, su vida y sus problemas.

Con este pequeño artículo solo pretendo dar a conocer lo difícil que es hacer llegar historias a nuestros lectores; y eso que solo he hablado del tiempo que no tenemos para escribir. Si me pongo a explicaros que no solo se trata de sentarse delante de un teclado o una libreta y llenar páginas, sino que también hay que dedicar tiempo a documentarse, investigar, desarrollar la trama, los personajes, su psicología, etc., entonces, seguro que os preguntaréis ¿Cómo lo hacen? Pues ni yo misma lo sé.

Por todo lo antes expuesto, os digo que cada palabra de aliento, cada comentario, reseña, halago, crítica constructiva y demás... que nos dedican, son un alimento que nos da fuerzas para mejorar y seguir adelante… Nos hace pensar que todo ha merecido la pena.

Seamos humildes, no somos perfectos, ni más ni menos, solo somos personas, con sentimientos, con ganas de disfrutar y hacer disfrutar. Algunas historias gustarán más que otras, estarán mejor escritas que otras… Eso es normal, porque a veces tenemos días mejores y otros peores, así es la vida.

Un abrazo a todos y gracias por leerme…




Elizabeth Da Silva


jueves, 9 de abril de 2015

COMO NACIÓ REGÁLAME TUS BESOS...


Se me ocurrió contaros como fue que esta novela surgió, de qué manera nacieron los personajes. Me encontraba en plena corrección de mi novela Y llegaste tú cuando de pronto en mi mente vi claramente a Leonardo sentado en el avión, relajado e indiferente a lo que le rodeaba. Fue algo inexplicable, surgió todo él: alto, rubio, ojos azules, elegante. Me quedé quieta y lo siguiente que vino fue el titulo, así, como un flash en mi cabeza lo vi:

“Regálame tus besos”




¿Por qué ese título? Porque siempre he pensado que no hay nada más intimo y lleno de sentimiento que un beso.
Desde ese momento no pude parar, la historia empezó a fluir desde mi cabeza, pasando por mis dedos hasta plasmarse en las páginas que se iban llenando de frases y párrafos. Surgió tan intensa como es. Porque todo ocurre en un corto espacio de tiempo.
Siempre quise escribir una novela donde los protagonistas fueron de más de 40 años, con una vida, muchas experiencia y, sobre todo, con las ideas muy claras. Está historia me permitió hacerlo. Mostrar cómo, a pesar de creer que ya tu tiempo de amar y poder ser feliz había pasado, en un instante todo podía cambiar. Además, hacer ver que el amor no tiene edad, que la pasión tampoco y que todos soñamos con encontrar esa persona que te complemente.
En Regálame tus besos veremos cómo los hilos del destino mueven a nuestros protagonistas, como el deseo se transforma en al más y, sobre todo, como tu peor enemigo muchas veces eres tú mismo.
Por último, una pequeña anécdota, mi amiga Pilar me estaba haciendo el booktrailer y buscábamos una canción, y aunque teníamos varias yo no estaba del todo conforme, sentía que ninguna era la adecuada… una mañana de camino al trabajo voy escuchando la radio y, de repente, empieza a sonar la voz de Pablo Alborán. No sabía que canción era, pero la letra me sedujo y, en ese momento, supe que esa era la canción. Al llegar al curro, como loca me puse a buscarla en Youtube.


PASOS DE CERO

Entre tu boca y la mía hay un cuento de hadas que siempre acaba bien, entre las sabanas frías me pierdo a solas pensando en tu piel, que curiosa la vida que de pronto sorprende con este loco Amor. 
Y es que todo se acaba y termina si dejo de ser lo que soy 
Bésame, no dudes ni un segundo de mi alma, alteras mis sentidos liberas mis alas, no cabe tanto amor en esta cama… Si me dejaras... Qué bueno es sentir que suspiro de nuevo que tu roce y mi roce juntos forman fuego, delicada llama que nunca se apaga… 
Sin ti yo me pierdo, sin ti me vuelvo veneno, no entiendo el despertar sin un beso de esos sin tu aliento en mi cuello... Sin ti yo me pierdo, sin ti me vuelvo veneno, no entiendo el despertar sin un beso de esos, sin tu aliento en mi cuello.... 
Que futuro más bello, que plan más perfecto presiento, no tendremos que estar batallando buscando siempre el momento, por dar pasos de cero y un camino certero de suelos libremos el llanto vacío que tanto provocan los miedos...
Bésame no dudes ni un segundo de mi Alma, alteras mis sentidos liberas mis alas, no cabe tanto amor en esta cama... Si me dejaras... Qué bueno es sentir que suspiro de nuevo que tu roce y mi roce juntos forman fuego delicada llama que nunca se apaga...
Sin ti yo me pierdo, sin ti me vuelvo veneno, no entiendo el despertar sin un beso de esos, sin tu aliento en mi cuello, Sin ti yo me pierdo, sin ti me vuelvo veneno, no entiendo el despertar sin un beso de esos, sin tu aliento en mi cuello, 
Sin ti yo me pierdo, sin ti me vuelvo veneno, no entiendo el despertar sin un beso de esos, sin tu aliento en mi cuello... Sin ti yo me pierdo, sin ti me vuelvo veneno, no entiendo el despertar sin un beso de esos, sin tu aliento en mi cuello...


Y fue así como hoy día 9 llega a ustedes esta historia de amor que gracias a Esther Escoriza y editorial planeta ha visto la luz.

Espero que la disfruten…








¡Gracias por leerme!



viernes, 3 de abril de 2015

Reseña de GIGOLÓ y entrevista a José de la Rosa

Hacía meses que no me sentaba a reseñar ninguna de las historias que leía, pero no porque no me hubiesen gustado, sino porque mi vida cambio en el mes de noviembre del año pasado. Como ya he dicho en otras ocasiones, hubo un antes y después del JAR (Jornadas Andaluz Románticas).
A partir de ese momento vi mi sueño de publicar materializarse y, por eso, no he podido hacer otra de las cosas que me gusta… escribir reseñas.
En este caso no solo hay una reseña, también hay una entrevista que José aceptó desde el primer momento que se la propuse; pero al igual que las reseñas no pude subirla a mi nueva sección ―Conociendo autores―, porque las sorpresas no pararon de llegar. Luego, cuando tuve tiempo, pensé que mejor la dejaba para unirla a la reseña de su novela, Gigoló. El amor tiene un precio.

RESEÑA 




Desde que pude leer el comienzo que nos ofreció Titania, me quedé con ganas de conocer la historia de María y Allen. Solo el prólogo ya te impacta, ya hace que tu mente empiece a dar vueltas en cómo continuará la novela, qué pasará entre esos dos…
Los que habéis leído alguna de mis reseñas sabéis que no me gusta hacer spoilers, que no me gusta desvelar nada. Lo que espero es dejaros con las ganas de leer la historia. En este caso no iba a ser diferente, aunque quizás, suelte algún anzuelo para haceros caer más rápido en la tentación.

Ahora os pregunto:

¿Puede una decisión, una locura sepultada en el recuerdo… aparecer y poner tu perfecta y estudiada vida, patas arriba?

¿Puede una sola noche de pasión marcarte para siempre?

Como he dicho antes no os contaré nada de la novela, solo os diré que creo que en el mundo existen muchas Marías que dejan que otros lleven la rienda de sus vidas, que poco a poco las opacan haciendo que sepulten su personalidad y se conviertan en lo que otros quieren que sean. También pienso que como Allen, somos libres de decidir que queremos hacer y cómo queremos ganarnos la vida… ¿quién es nadie para juzgar a otra persona sin conocerla?

Siempre he creído que el amor puede llegar en el momento y lugar más inverosímil que te puedas imaginar, pero sobre todo, creo que cuando estás llegando al final de una meta que creías era la que buscabas y, de repente, empiezan a entrarte dudas… Entonces debes escuchar y ver esas dudas como avisos de neón que, quizás, quieren advertirte que será un error si sigues por esa senda.

José de la Rosa nos adentra en la vida perfecta de María, una chica que era la envidia de cualquier, que tenía todo para ser feliz… pero una locura del pasado aparece de nuevo y amenaza esa vida; solo que a partir de ese momento, ella empieza a abrir los ojos, esos ojos que llevaba vendados desde hacía mucho tiempo, a lo mejor, desde que era un niña. Esa niña que se dejó llevar por aquel chico que la quería y que con su amor suave y tranquilo, la fue moldeando para convertirla en la mujer que él pensaba que se merecía.

anillo de plata y nácar


Allen no ha podido olvidarla, aun sin saber su nombre, el recuerdo de lo que vivió y experimentó con junto a ella lo persigue. Ese encuentro no solo cambió la vida de María; para él fue el final de una etapa y el principio de una búsqueda…

Una hermosa historia de amor, de descubrimientos, de realidades y de enfrentamientos. Donde ambos protagonistas emprenderán un viaje en busca de respuestas. ¿Las encontrarán?
Por qué en la vida tienes que enfrentarte contigo mismo y con tus miedos, para poder aceptar libremente lo que ésta te ofrezca.

Gracias José, por una historia intensa, emotiva y llena de ese sentimiento tan precioso como es el amor.

Aquí los anzuelos de los que os hablé…

“―¿Por qué tienes tanto interés en que… en que tú y yo…? ―preguntó sin atreverse a girarse―. Sabes que amo a mi prometido. Que me casaré en unos meses. Que lo que sucedió entre tú y yo…
Él sí lo hizo. Bordeó la barra de madera hasta el otro lado, para que ella pudiera verlo, y la miró directamente a los ojos.
―Créeme que no lo sé. ―Alargó la mano y la colocó sobre la de ella, que sostenía aún el asa del maldito barreño. El leve contacto fue un fogonazo, como si saltaran los plomos―. Pero me juré a mí mismo que si volvía a encontrarte haría lo imposible por descubrirlo.”


“―A esa estrella fugaz le daría las gracias por haberte encontrado de nuevo ―continuó una vez que estuvieron a solas―, porque eso es lo que le he rogado a cada una de las estrellas fugaces que han cruzado el cielo desde que te conocí.”




“―¿Y si no me decido? ―dijo María―  ¿Y si no encuentro la respuesta hoy, ni mañana, ni pasado?
―Siempre habrá un día más. Dentro de un año, de diez. Siempre habrá un día en que exista la remota posibilidad de que quieras estar conmigo.”


“―Quiero decirle que la amo, que estoy loco por ella ¿Se puede decir eso con flores? ―dijo ruborizándose ligeramente.
―¿En qué sentido la ama? ―contestó con otra pregunta aquel hombre, acercándose un poco. Era un gran profesional. Debía conocer todos los matices para dar con la solución adecuada―. ¿Cuánto?
De nuevo tenía razón. Tenía que dimensionarlo para que aquel amable dependiente pudiera hacer bien su trabajo.
―Bien, pues imagine que cada uno de los pétalos de cada una de estas flores fueran mi amor por ella ―dijo haciendo un esfuerzo para que aquel hombre comprendiera―. Pues llene cien estadios como el del Manchester y puede acercarse un poco a lo que siento por esa mujer.”



Estoy segura que después de estas pinceladas queréis conocer esta historia.


Entrevista a José de la Rosa



Como os daréis cuenta al leer la entrevista, está fue hecha antes de que saliera Gigoló. Fue hecha en diciembre del pasado año. Aun así espero que la disfrutéis y conozcáis un poco más a José.

Corta biografía

José de la Rosa (n. en 1970 en Sevilla, España), es un escritor de novela romántica y también de thriller. Ganador del I Premio Titania de Novela Romántica (Editorial Urano), por su novela "Gigoló. El amor tiene un precio".
Estudió audiovisuales y periodismo aunque se ha dedicado entre otras cosas al mundo de libro, diseñando y dirigiendo la línea editorial de novela romántica de la editorial "La Máquina China" desde 2004. En 2007 y en los años sucesivos organizó junto con Heartmaker las Jornadas de Novela Romántica que reunieron en Sevilla a los actuantes más importantes del género en nuestra lengua. 
Su primera obra en solitario fue la colección de cuentos "Pequeña historia frívola de 1700" (La Máquina China Editorial) que hacía en tono cómico un recorrido por los acontecimientos más importantes del siglo XVIII.
En 2007, de la mano de RD Editores publica su primer thriller titulado "La clave Agrippa" donde aparece por primera vez el detective de libros raros Revel Colina. Dos años después el Grupo Santillana publica su segundo thriller donde Colina vuelve a ser el protagonista, titulado "Vampiro", primero en una edición no venial y más tarde en el sello Punto de Lectura.
Su incursión en el mundo de la novela romántica es de la mano de la multinacional canadiense Harlequin que publicará en 2013 su obra "Siete razones para no enamorarse". Un año después la editorial apostará por sus dos siguientes obras editando en junio "La leyenda de Tierra Firme" y en septiembre "Siete razones para odiarte".
Además de su obra de ficción, ha editado dos manuales: "Tú puedes escribir una novela romántica" y "Aprende a trabajar el erotismo en la novela".

Preguntas indiscretas:

·         ¿Siempre quisiste escribir?

Al menos desde que recuerdo. Muchas veces no estoy muy seguro si es que me gusta como una pasión o como una necesidad. El caso es que no podría pasar sin hacerlo.

·         ¿Por qué el género romántico?

Porque en cierto modo me eduqué en él. En casa, cuando habíamos devorado las novelas de Julio Verne y Emilio Salgari, lo que quedaba eran las novelas románticas de mi madre. Me gustan desde entonces.

·         Lo primero que escribiste fue…

Creo que un diario. No estoy seguro.

·         Lo haces a cualquier hora o te marcas un horario para hacerlo… ¡Escribir! (¿En qué estarías pensando?)

Soy diurno así que mi mejor hora es por la mañana. A las 6.30 me despierto y a las 6.35 estoy escribiendo.

·  ¿Has estado escribiendo dos novelas al mismo tiempo? ¿Qué tal fue la experiencia?

Lo hago de forma habitual porque en invierno suelo organizar el trabajo (montar los mapas de las novelas, perfiles de personajes, documentación, etc,) y en verano escribo, así que de abril a octubre tengo mucho material que trabajar. No me supone un problema.

·         ¿Auto publicación o editorial? ¿Por cuál te decantas?

Por ambas. La autopublicación es un camino estupendo para autores noveles y consagrados porque permite realizar un sueño sin ataduras. Las editoriales son un medio de selección. Ambas tienen  ventajas e inconvenientes.

·         ¿Son importantes los comentarios que te dejan tus lectores? ¿En qué medida te ayudan?

Mucho. Te permiten testar dónde estás acertando y dónde te equivocas. Yo al menos suelo prestar mucha atención. De hecho busco para cualquier novela que termino un lector 0 que lea la obra y me haga una primera crítica antes de empezar a corregir.

·         ¿La interacción lector – escritor a través de las redes sociales es positiva? ¿Por qué?

Desde mi punto de vista y por lo que te he comentado antes, sí. Escribimos para que nos lean y antes de las redes sociales los puntos de encuentro lector-escritor eran poco más que presentaciones y firmas de libros. Ahora puedes testar día a día qué piensan, por qué te leen, qué esperan. Y eso para mí es fantástico.

·         ¿Qué esperas del lector?

Me gusta más pensar en qué espera el lector de mí, y me esfuerzo por conseguirlo. De él lo único que espero es que disfrute y que por un momento le haga olvidar sus penas y la lectura de uno de mis libros sea capaz de sumergirlo en un mundo donde hasta las cosas más terribles tengas un final positivo, lleno de esperanza.

Tus personajes:

·         ¿Alguno te ha dado guerra? ¿Cuál?

Todos, y no es una frase hecha. Luchar contra el estereotipo es complicada porque juegas en un mundo donde el personaje debe gustar y no ser predecible, y continuamente se empeña en meterse en registros conocidos.

·         El más fácil de crear.

En general me suele ser más fácil crear al protagonista masculino quizá porque concibo la obra desde su conflicto. Cuando pienso en una novela romántica siempre pienso en un hombre y por qué no puede amar.

·         Al qué más quieres.

Hace tiempo que descubrí que tu personaje favorito es siempre el último con el que has trabajado. En este caso Allen, el protagonista de “Gigoló. El amor tiene un precio”, que es la novela ganadora del Premio Titania (Urano Ediciones) y saldrá a la venta en febrero 2015.

·         Al qué más odias.

Karen, por supuesto. ¿Quién es?.. jajaja… está en la misma novela que Allen y creo que tú también la odiarás cuando la conozcas. Eso sí, la odio con un intenso amor.

·         Al qué nunca olvidarás.

Don Íñigo, uno de los protagonistas de “La leyenda de Tierra Firme”. En cierto modo plasmé en él mi ideal de cómo veo a un hombre.


Un poco más...

Tus comienzos como escritora / escritor (brevemente como comenzaste en este mundo tan apasionante)

Creo que como casi todos. Duro y carrera de fondo. No es tanto publicar (en ese sentido he tenido suerte porque he publicado cada novela escrita) sino permanecer, que tu obra destaque entre muchas otras. Pero siempre he tenido claro que esto es así. Paciencia, darlo todo, y adelante.

Anécdotas divertidas mientras escribías alguna de tus historias (Anécdotas, curiosidades y demás sucesos que te ocurrieron a lo largo de proceso creativo)

Cuando escribo una novela solo puedo estar inmerso en el mundo de esa novela. No puedo leer nada que difiera, escuchar nada que chirríe con su mundo. Eso significa que cuando estuve escribiendo la parte ambientaba en la corte otomana del siglo XVI de “La leyenda de Tierra Firme” en casa solo se escuchaba música turca y había un tapiz donde ponía “Alá es grande” en medio del salón.


Títulos de tus obras 

  • "Pequeña historia frívola de 1700" (2004)
  • "La leyenda de Tierra Firme" (2014)
  • "Gigoló. El amor tiene un precio" (2015)



Serie Revel Colina
  • "La clave Agrippa" (2007)
  • "Vampiro" (2009/2010)



Serie Siete Razones
  • "Siete razones para no enamorarse" (2013)
  • "Siete razones para odiarte" (2014)



Manuales 
  • "Tú puedes escribir una novela romántica" (2013)
  • "Aprende a trabajar el erotismo en la novela" (2014)

Nos soplas alguna noticia sobre un proyecto futuro…

El proyecto sobre el que estoy centrado es la última corrección de “Gigoló. El amor tiene un precio”, la novela que publicará Titania en febrero. Estoy muy contento y emocionado con el trabajo de la editorial. Ya he visto un boceto de la portada y me encanta. Es una novela que creo va a gustar. Trata sobre el amor que llega de pronto y lo pone todo patas arriba. ¿Ves? No puedo decir mucho pero la lengua se me desata…jajaja

Unas palabras para tus seguidores…

Gracias, gracias, gracias. Yo escribo porque vosotras existís. Nunca me cansaré de daros las gracias.


Desde mi rincón te doy las gracias por participar, por dejarnos conocerte un poco... y confirmo lo que has dicho antes. Amo a Allen y odio a Karen.