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BIENVENIDOS

Mi blog vio la luz, el día 18 de Octubre de 2012...

Les doy la bienvenida a mi rincón, donde todos los relatos, cortos o escritos que comparta con ustedes, nacen de mi corazón e imaginación.
Los personajes que pueda crear en mi mente no tienen ningún parecido con alguna persona real.
Cualquier imagen que utilice para representar a mis personajes es simplemente porque esas personas tienen las características de los protagonistas de mi historia.

Ya saben... un blog crece y se alimenta de comentarios, espero los vuestros.

sábado, 18 de abril de 2015

EL LADO OSCURO DE YADIRA


La noche estaba tan animada como siempre, hombres y mujeres que buscaban desinhibirse del día a día, de la rutina y monotonía de sus vidas. Muchos de ellos con sus máscaras, para cubrir con ellas su identidad y mantener así su anonimato.
Yadira conocía a algunas de las personas que estaban esa noche en el club, con algunos había tenido tratos laborales y otros eran meros conocidos. Al igual que esas personas, ella protegía su identidad bajo una hermosa máscara color negro y plata, que le cubría la mitad de la cara.
Era una noche muy animada la de ese sábado y, aunque le hubiese gustado quedarse en el gran salón a charlar y compartir, se dirigió a la suite que siempre tenía reservada en el club. Llevaba ya dos meses sin poder escaparse de su rutina y necesitaba el placer que solo él lograba darle. Se conocían desde hacía más de un año, pero él nunca había mirado su rostro. Habían intimado más que cualquier pareja y, aún así, Yadira no quería descubrirle su identidad.
Nadie conocía su lado oscuro; ese era su secreto, su momento de evasión de los problemas y presiones diarias, su placer… el que solo lograba encontrar junto a él.
Tocó la puerta y, al escuchar su voz profunda, entró, cerró tras de sí y, como siempre, se quedó mirándolo fascinada.
—Buenas noches, Yadira  —saludó el hombre que estaba sentado en un cómodo sillón.
—Buenas noches… Señor.
—Te he extrañado. Llevas mucho tiempo sin venir.
—No ha sido porque no lo haya deseado  —murmuró, sintiendo como la intensa mirada de él la recorría, palmo a palmo, con toda la parsimonia del mundo.
Se estremecía al sentir la suave caricia de su mirada, esos ojos verdes que se deslizaban por cada milímetro de su piel, haciendo que su cuerpo respondiera al estimulo…, sensibilizándose, sintiéndose febril, ardiente y deseoso de más.
—Acércate y arrodíllate entre mis piernas   —ordenó con suavidad.
Sin decir nada cumplió la orden; al estar de pie entre sus piernas, sus miradas quedaron atadas la una a la otra mientras Yadira descendía lentamente hasta que sus rodillas tocaron el suelo. Él acercó su mano, de dedos largos y uñas cuidadas, y acarició con suavidad sus rizos negros haciéndola estremecer de placer.
Su cuerpo estaba expectante y deseoso de recibir todo lo que solo él sabía darle; al mismo tiempo, quería entregarse completamente, sin miedos, sin restricciones, como solo lo lograba con el señor. Una entrega absoluta.
—Cada día te deseo más, Yadira… —Se quedó callado, clavando su intensa mirada verde en los ojos que se ocultaban tras la máscara—. Te has metido en mi mente y en mi piel como ninguna otra lo ha hecho jamás. ¿Por qué no confías en mí plenamente?
—Yo confió en ti, con nadie me entrego de la manera que lo hago contigo  —afirmó mirándolo a los ojos.
—Lo sé, lo siento y lo vivo cada vez que estoy dentro de ti. Cada vez que mi polla penetra tu hermoso coño; pero ya no es suficiente. Si confiaras en mí, después de casi un año, tu rostro no seguiría siendo un misterio.
Ella bajó la mirada al suelo, no era la primera vez que él sacaba el tema de la máscara; en eso no podía complacerlo. Se sentía segura tras esa careta que no permitía a nadie sospechar quien era. Al mismo tiempo, eso la liberaba, haciéndola sentir más desinhibida y receptiva a disfrutar todas las fantasías que le proponía.
—No es por ti, es por mí; la necesito… sin ella no existiría Yadira  —murmuró.
—Seguiré insistiendo hasta lograrlo… y también seguiré pidiéndote que nos veamos más a menudo, que me permitas invitarte a mi casa, a mi terreno.
—Es curioso, tú me dices que insistirás hasta descubrir todo de mí… pero yo no sé cuál es tu nombre.
—Lo sabrás cuando yo pueda ver, tocar y besar tu cara, y no solo tus labios  —dijo en voz baja sobre su boca.
Con su mano derecha él tiró fuerte de su cabello hacia atrás para poder acceder y dominar mejor el beso. Su boca devoró con hambre y deseo la de Yadira que, entregada, lo dejó hacer, correspondiendo con igual pasión. Ninguna parte de sus cuerpos se tocaba, tan solo sus bocas y la mano que sujetaba su cabello… El calor que ambos irradiaban aumentaba en igual proporción que el beso. Sus lenguas se saludaban con anhelo, tragándose los gemidos que generaban sus gargantas.
Era un beso tan profundo que daba la sensación de que querían engullirse uno a otro, sus lenguas bailaban una contra la otra y los gemidos de placer se escuchaban por toda la habitación. Yadira temblaba de deseo, la excitaba sentir el control que ejercía él con su presencia y con su voz. Poder dejar de pensar, de elegir, de decidir durante unas cuantas horas, en las que solo se dejaba llevar por lo que sentía; se empapaba en el placer que solo el señor lograba darle.
El beso acabó como empezó, y sin dejar de tirar de sus cabellos continuó besando su barbilla mientras descendía hacia su esbelto cuello. Yadira respiraba agitadamente mientras con la boca abierta intentaba insuflarse aire y, así, sofocar de alguna manera los escalofríos que recorrían su cuerpo y que despertaban sus pezones, que erguidos se marcaban en la tela del vestido rojo que llevaba.
—Me gusta saborearte —susurró sobre su oído.
A continuación humedeció con su lengua el contorno de la pequeña oreja de Yadira, provocándole pequeños estremecimientos de placer. El cuerpo de ella ardía desde dentro y su vagina se lubricaba con la esencia de su deseo.
—¿Qué deseas hoy de mi, Yadira? —preguntó dejando de besarla y acomodándose en la butaca, mientras ella lo miraba desde su posición, arrodillada entre sus piernas.
—Tú sabes lo que necesito… —murmuró entrecortadamente—, conoces mis necesidades.
—Lo sé, mi hermosa y enigmática Yadira. —Acarició su cabeza con suavidad—. Necesitas olvidarte de todo, que controle todo por ti… no pensar, solo sentir —afirmó.
—Sí, señor —respondió bajando la mirada al suelo.
—Como sé que te gusta… vas a chupármela.  Aunque antes, quiero que te pongas de pie y te quites la ropa… quiero disfrutar de tu cuerpo, que es mío dentro de estas cuatro paredes.
Yadira se incorporó y mirándolo fijamente a los ojos, a través de su hermosa máscara, se fue desnudando con lentitud, sin dejar de apreciar como las pupilas del él se dilataban y brillaban con intensidad, a medida que su piel iba quedando expuesta.
—Tengo las mismas ganas de castigarte que de follarte, y ambas son por el mismo motivo… tu ausencia durante tanto tiempo, el no saber de ti, el no poder llamarte —comentó con voz ronca sin dejar de mirarla de arriba abajo—. Voy a hacer ambas cosas. Yadira, de rodillas —ordenó.
Sin dudarlo, ella obedeció y de nuevo se puso de rodillas entre sus piernas. La imagen mostraba un contraste muy erótico. Él completamente vestido y ella con su cuerpo libre de ataduras, expuesto a su mirada.
—Sé que te gusta tragar pollas, eres una buena traga pollas, ¿verdad, Yadira? —Acarició su cabeza mientras hablaba—. Hazlo, chúpamela.
Ella se acercó más a él y desabrochó el botón de la cintura de su pantalón, a continuación, bajó con suavidad la cremallera descubriendo ante sus ojos unos slips color blanco inmaculado. Metió las manos a cada lado de su cadera y cogió la cinturilla del calzoncillo junto con el pantalón. Con la ayuda del señor, deslizó ambas prendas por debajo de las nalgas dejando al descubierto la imponente erección, que lucía exultante.
Como sabía que le gustaba, colocó las manos a su espalda y acercó solo su boca a la punta de su pene, roja y brillante, que tenía frente a sus ojos. Parecía una ciruela apetitosa que esperaba ansiosa a que la saboreara; y, eso exactamente, fue lo que hizo Yadira.
Abrió su boca y con la lengua empezó a lamer la cabeza haciendo círculos y arrancando gemidos de su señor. Continuó introduciéndose el pene, poco a poco, hasta llegar al máximo de su capacidad; su lengua arremolinada lamía la enorme y venosa polla, succionando con fuerza y consiguiendo arrancar más gemidos como respuesta.
Se sentía poderosa, sexy y atrevida… lograba provocar respuestas en él, que la excitaban de tal manera que su vagina segregaba más y más fluido, el cual resbalaba entre sus muslos. Ella continuó degustando el pene que tenía a su merced, disfrutando de su sabor único: a hombre caliente, a macho excitado.
—Quiero… que te lo… bebas… todo. Acelera, llévame al orgasmo, como solo tú sabes hacerlo —exigió con la respiración entrecortada y los parpados caídos.
Ninguna parte de sus cuerpos se tocaba, estaban unidos solo por la boca de ella y el sexo de él, algo que los excitaba a ambos por igual. Yadira obedeció y succionó con más fuerza, imprimiendo un ritmo continuo mientras lamía, chupaba y arañaba con los dientes la polla gruesa que poseía con avidez.
Las caderas del señor seguían el ritmo que ella marcaba; y, acompasados, cada vez aumentaban más la velocidad. Él con los ojos cerrados echó la cabeza hacia atrás y, gritando el nombre de Yadira, se dejó ir inundando su boca con su esencia. Ella se bebió hasta la última gota con las ansias de un sediento.
En la habitación, únicamente, se escuchaban los resuellos de él y la respiración agitada de ella. Sin dejar de mirarlo, Yadira se limpio las comisuras de la boca con el dedo y se lo chupó con fruición, logrando que él diera un respingo en el asiento.
—Sabes cómo volver loco a un hombre… —musitó aún agitado—, quiero ser el único al que enloquezcas y no descansaré hasta lograrlo. —A continuación se incorporó en la butaca, se metió el pene dentro de los pantalones y se los abrochó. Luego, sujetándola de los hombros la hizo levantarse junto a él—. Serás solo mía, Yadira —susurró sobre sus labios.
—Soy tuya, aquí y ahora —contestó.
—Ya no es suficiente… para mí , ya no basta con esto. —La beso con pasión, deseo y… algo más, algo que la asustó—. Ahora, voy a follarte hasta que tu cuerpo memorice el mío.
La cogió entre sus brazos y caminando hacia la cama la depositó con suavidad sobre el colchón. Mirándola fijamente se desnudó y Yadira pudo comprobar que estaba otra vez empalmado, algo que la hizo excitarse más todavía.
Se inclinó sobre ella colocando una mano a cada lado de su cabeza, acercó su boca a la boca de Yadira y, sin dejar de contemplarla, le dijo:
—Déjate llevar. El juego ha cambiado. —Fundió su boca con la de ella y la cubrió con todo su cuerpo caliente.

*****


—Mamá, perdona, ¿te he despertado?  —dijo Iván al entrar en el dormitorio de su madre.
—No hijo, solo estaba remoloneando en la cama.
—Vale, pero deberías aprovechar para descansar más, esas interminables guardias tuyas, van a acabar con tu salud.  —Se giró para marcharse, pero luego recordó algo y volvió a entrar—.  Perdona, que cabeza tengo, entré para entregarte éste sobre que encontré en el buzón junto a la correspondencia. ¿Conoces a una tal Yadira?  —preguntó su hijo.
Irene se quedó paralizada sin poder respirar, solo su corazón latía acelerado, iba a tal velocidad que parecía que se le saldría por la boca en cualquier momento. Un sudor frío recorrió toda su espina dorsal produciéndole un temblor involuntario, era tal su estado de confusión que no atinaba a pronunciar palabra alguna.
—¡Mamá! ¿Te pasa algo?   —La voz de su hijo la hizo salir del trance que el nombre de Yadira había provocado en ella.
—Perdona, hijo… aún estoy medio dormida. —Intentó sonar distraída.
—Pues te dejo aquí el sobre… ¿Qué harás?, ¿llevarlo a correos?
—No, no sé, preguntaré en el edificio, seguramente es de algún nuevo inquilino, se habrán equivocado de buzón  —improvisó para salir del paso.
—Lo raro es que no pone remite, ni tampoco pone dirección de destinatario… solo ese extraño nombre  —habló Iván mirando a su madre.
—Algún mensaje privado de alguien, quién sabe, hijo.
Iván se despidió y salió dejándola sola en su habitación. Irene miraba el sobre como si fuera una serpiente venenosa a punto de inocularle el veneno al menor movimiento. Alargó la mano derecha, que temblaba de manera incontrolable, y rozó con sus dedos la esquina del sobre blanco. Su mente daba mil vueltas llena de preguntas, y ella estaba… absolutamente aterrorizada.
—Tiene que ser una pesadilla   —se dijo, así misma, sin dejar de mirar el envoltorio blanco, que escondía algo que podía cambiarlo todo.
Inspirando con fuerza, lo agarró entre sus dedos y lo estrujó tentada a arrojarlo a la papelera sin abrir, pero sabía que eso no serviría de nada. Alguien había descubierto su secreto.
Despacio abrió el sobre y extrajo un folio blanco doblado por la mitad, sus manos estaban heladas y su respiración agitada, debido al pánico que sentía por lo que iba a encontrar al desdoblar esa hoja de papel. Al mirar su contenido, el poco color que tenía en su rostro desapareció y sus ojos se abrieron con espanto al leer las siguientes palabras:

He descubierto tu secreto, Yadira… ahora estás en mis manos y, al fin, serás mía.

Agustín… el señor.





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